Estados Unidos confirmó que Colombia queda nuevamente descertificada en la evaluación anual sobre lucha antidrogas, según informó Pulzo. El reporte responsabiliza del retroceso a la administración que antecedió al actual gobierno.
La descertificación es un mecanismo que aplica Washington desde hace décadas a los países que, a su juicio, no cumplen los compromisos internacionales contra el narcotráfico. La medida no implica sanciones automáticas, pero condiciona la cooperación y envía una señal política sobre el rumbo de la política de drogas.
En el pasado, Colombia ha sorteado la certificación de manera intermitente. Los gobiernos suelen ser evaluados por indicadores como la interdicción de cultivos, la destrucción de laboratorios, las extradiciones y los resultados operativos conjuntos con agencias estadounidenses.
El reporte de este año puso el peso de la crítica en el gobierno anterior. Esa atribución es relevante porque separa al presidente Abelardo de la Espriella de la decisión y le abre margen político para reconstruir la relación con Washington.
De la Espriella asumió la Presidencia con el reto de restablecer la confianza bilateral en materia de seguridad. La cooperación antidrogas con Estados Unidos incluye inteligencia, entrenamiento, equipos y apoyo logístico a la fuerza pública colombiana.
Para los ciudadanos, la descertificación tiene efectos prácticos limitados en el corto plazo, pero condiciona la ayuda y la cooperación técnica. A mediano plazo, puede afectar programas de desarrollo alternativo en zonas cocaleras y la financiación de operaciones de interdicción.
Sectores agrícolas y comunidades de regiones como Putumayo, Caquetá y Catatumbo suelen ser los más sensibles a los cambios en la política antinarcóticos, porque dependen de proyectos de sustitución y de la presencia institucional que esos recursos sostienen.
Pulzo señaló que el documento, pese al golpe diplomático, dejó abierta la puerta a una recomposición de la relación. Esa apertura se traduce en la expectativa de que las nuevas políticas del gobierno De la Espriella sean evaluadas en el próximo ciclo.
Queda pendiente la respuesta oficial del gobierno colombiano y los pasos diplomáticos que se anuncien en las próximas semanas. La certificación anual de Estados Unidos se convierte así en un termómetro del rumbo de la lucha antidrogas en el país.
