El ministro del Interior de Ecuador informó que su gobierno ya conversa con el equipo del presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, para articular operaciones conjuntas contra el crimen organizado. El énfasis de la cooperación estaría puesto en la zona fronteriza común, donde la presencia de grupos dedicados al narcotráfico es un tema recurrente en la agenda bilateral.
Según la fuente, las conversaciones buscan que las acciones se ejecuten desde el primer día del nuevo gobierno colombiano. La frase fue utilizada por la autoridad ecuatoriana para transmitir urgencia en la coordinación, en un momento en que ambos países comparten una frontera viva, con pasos regulares y trochas por donde circulan personas y mercancías, legales e ilegales.
La frontera colombo ecuatoriana, de unos 586 kilómetros, atraviesa zonas selváticas y montañosas donde la deforestación, los cultivos de uso ilícito y los laboratorios de procesamiento de cocaína han sido reportados de manera constante por organismos de seguridad y por la prensa regional. En los últimos años, Ecuador dejó de ser solo un país de tránsito y pasó a ser también un lugar de procesamiento y almacenamiento de droga, lo que cambió la dinámica de la cooperación bilateral.
Ecuador atravesó además un recrudecimiento de la violencia vinculada al crimen organizado, con episodios que sacudieron a la opinión pública, entre ellos la irrupción de grupos armados en estaciones de televisión y la declaratoria de conflicto armado interno por parte del presidente Daniel Noboa en enero de 2024. En ese marco, la colaboración con Colombia, uno de los principales productores de cocaína del mundo, resulta estratégica para Quito.
Desde la perspectiva colombiana, el tema de la seguridad en las zonas de frontera fue una constante durante la campaña que llevó a Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño. Su propuesta de seguridad, según lo que se conoció públicamente, incluyó el fortalecimiento de la fuerza pública, la cooperación internacional y una mayor presencia del Estado en los municipios más afectados por la violencia y el narcotráfico.
La cooperación bilateral entre ambos países no arranca de cero. Existen mecanismos como los Gabinetes Binacionales, reuniones periódicas entre presidentes y equipos técnicos que abordaron temas de seguridad, migración, infraestructura y comercio. La diferencia ahora, según el mensaje del ministro ecuatoriano, radicaría en el arranque temprano del trabajo, incluso antes del cambio de mando formal.
Para la ciudadanía, el anuncio tiene efectos directos en los habitantes de los departamentos de Nariño, Putumayo y Caquetá, y de las provincias ecuatorianas de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, zonas históricamente afectadas por presencia de grupos armados, economías ilegales y desplazamiento. También interesa a productores agrícolas, comerciantes y transportadores que dependen del tránsito fronterizo y que se ven impactados cuando la violencia escala.
Entre los pendientes que deja la declaración está el detalle de las operaciones: si serán terrestres, fluviales o aéreas, cuántas tropas o policías participarán, qué protocolos se aplicarán para evitar afectaciones a comunidades, y cómo se garantizará la transparencia de eventuales capturas o decomisos. También queda por definir si la cooperación se inscribirá en instrumentos ya existentes o si se crearán instancias nuevas.
Por ahora, el mensaje del gobierno de Ecuador es claro: quiere que el trabajo conjunto con Colombia arranque el día uno. La prueba de fuego será ver si esa voluntad política inicial se traduce en resultados concretos en una frontera que, por décadas, ha sido uno de los puntos más sensibles de la seguridad regional.
