Según publica El Tiempo, Washington prepara un relanzamiento de la cooperación militar con Colombia que dejaría de centrarse en derrotar a grupos insurgentes para convertirse en una plataforma regional orientada a amenazas transnacionales. El anuncio llega en simultánea con el inicio del gobierno de Abelardo de la Espriella, lo que convierte el tema en una de las primeras decisiones bilaterales de su gestión.
El cambio de enfoque, si se concreta, marcaría un giro frente a décadas de cooperación que tuvieron como eje central el combate a las guerrillas y, más recientemente, al narcotráfico y a las disidencias. Bajo el nuevo esquema, Estados Unidos buscaría que Colombia cumpla un papel de socio estratégico para amenazas que cruzan fronteras, como el crimen organizado transnacional y el terrorismo.
La pregunta que plantea El Tiempo es si este relanzamiento equivale a un Plan Patriota 2.0. El Plan Patriota, lanzado en 2003 durante el gobierno de Álvaro Uribe, fue la mayor operación militar conjunta contra las Farc en el sur del país y contó con apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos. Cualquier nuevo capítulo, según el rotativo, partiría de esa experiencia, pero con un marco estratégico distinto.
El Gobierno estadounidense no ha confirmado públicamente los detalles del relanzamiento. Lo que se conoce hasta ahora proviene del reporte de El Tiempo y de fuentes citadas por el diario. Por ahora, no hay cifras oficiales sobre montos, número de tropas o equipos involucrados en una eventual nueva fase.
Para la cooperación bilateral existen antecedentes como el Plan Colombia, iniciado en 2000, que canalizó asistencia militar, antidrogas y desarrollo por miles de millones de dólares durante más de dos décadas. Ese programa sentó las bases de la relación actual y sirvió de referencia para la ayuda de Washington a otros países de la región.
El relanzamiento tendría implicaciones para la Fuerza Pública colombiana, en particular para las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, que han sido las principales receptoras del entrenamiento y la asistencia técnica estadounidense. Una reorientación hacia amenazas transnacionales implicaría nuevas prioridades en capacitación, inteligencia y equipos.
También se verían afectados los ciudadanos del común, en especial los habitantes de zonas rurales donde la presencia de grupos armados ilegales y economías ilícitas ha sido históricamente más intensa. Cambiar el foco de la cooperación puede modificar la forma como el Estado colombiano protege a esas comunidades y combate el narcotráfico en sus territorios.
En el plano regional, una plataforma orientada a amenazas transnacionales abre la puerta a operaciones conjuntas con países vecinos como Panamá, Ecuador, Perú y Brasil, con quienes Colombia comparte fronteras activas en materia de seguridad. Ese enfoque multilateral ya forma parte de los manuales de cooperación estadounidenses en otras regiones.
Según El Tiempo, la administración De la Espriella recibió la propuesta como una oportunidad para reposicionar a Colombia como un socio clave de Washington en Suramérica. El nuevo gobierno aún no se ha pronunciado de manera oficial sobre el plan, y se espera que en las próximas semanas se conozcan más detalles por parte de ambos gobiernos.
Queda pendiente la negociación de los términos finales del acuerdo, la definición de los aportes logísticos y financieros de cada país, y el rol que tendrán las Fuerzas Armadas colombianas en la nueva misión. También está por verse cómo se articulará este esquema con la política de seguridad interna del gobierno de De la Espriella.
