Según el reporte de EL PAÍS, las propuestas económicas de los dos candidatos a la Presidencia de Colombia se apartan tanto en el diagnóstico como en las herramientas. De la Espriella, abogado vinculado a la ultraderecha, pone el acento en la reducción del gasto público, la desregulación de la actividad privada y la atracción de inversión. Cepeda, senador de izquierdas, plantea un Estado con mayor presencia en la economía y políticas de redistribución que vayan más allá de la simple regulación.
El medio describe la apuesta de De la Espriella como una economía de oferta, centrada en la confianza del inversionista. La idea base es que un marco normativo más liviano y un manejo austero de las cuentas públicas generan condiciones para que el sector privado invierta, produzca y emplee. En esa lectura, el crecimiento llega cuando el Estado deja de interferir en los mercados y cuando la disciplina fiscal reduce la incertidumbre macroeconómica.
Cepeda, en cambio, reivindica el papel del Estado como motor del desarrollo. Su propuesta combina regulación con intervención directa en sectores estratégicos y políticas sociales orientadas a reducir la desigualdad. El senador defiende que la eficiencia económica debe medirse también por la capacidad del país de cerrar brechas sociales y territoriales, no solo por indicadores de crecimiento agregado.
Las dos visiones contrastan en el papel del gasto público. Para De la Espriella, el gasto es un factor de riesgo fiscal que limita la inversión. Para Cepeda, el gasto es una herramienta para garantizar derechos y dinamizar la demanda interna. Esa diferencia se traduce en posiciones opuestas sobre el tamaño del Estado y sobre la prioridad entre equilibrio presupuestal y protección social.
Otro punto de divergencia es la relación con la inversión extranjera. La fórmula de De la Espriella confía en que la desregulación y la estabilidad jurídica son señales suficientes para atraer capitales. Cepeda, en tanto, condiciona la llegada de inversión al cumplimiento de estándares ambientales, laborales y de derechos humanos, y propone reglas claras para evitar la elusión y la evasión fiscal.
El contraste también se refleja en la política tributaria. El candidato de ultraderecha suele asociarse con propuestas de bajadas de impuestos y simplificación del sistema, bajo la premisa de que una menor carga tributaria estimula la actividad productiva. El senador de izquierdas suele insistir en una reforma progresiva, donde aporten más quienes tienen mayor capacidad económica, y en el uso de esos recursos para financiar educación, salud y protección social.
En materia social, los enfoques difieren en la forma de atender la pobreza y la desigualdad. La propuesta de De la Espriella tiende a vincular la mejora de las condiciones de vida con el crecimiento de la economía y la generación de empleo formal, sin profundizar en programas universales. La de Cepeda combina crecimiento con transferencias, servicios públicos fortalecidos y políticas de igualdad de oportunidades, en una línea cercana a la economía social de mercado.
El reporte de EL PAÍS concluye que los votantes enfrentarán una disyuntiva clara: un modelo que prioriza la eficiencia, la austeridad y la confianza inversionista, frente a otro que prioriza la intervención estatal y la redistribución. La decisión, señala el medio, marcará el rumbo de la política económica para el próximo período presidencial y la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad colombiana.
Queda pendiente cómo cada candidato presentará los detalles de sus planes, con cifras, metas y fuentes de financiación, en los próximos debates. La campaña hasta ahora ha dejado ver los ejes generales, pero el electorado demandará concreción sobre temas sensibles como la reforma pensional, el sistema de salud, la transición energética y la deuda pública, donde las dos visiones también chocan.
