La propuesta fue expuesta por el jefe de Estado en una visita al Chocó, según reportó EL PAÍS. Lo acompañaron algunos de los empresarios más ricos de Colombia, en lo que se percibe como un gesto dirigido a atraer capital privado para obras de gran envergadura.
Se trata de un tren interoceánico, una megaobra pensada para comunicar el mar Caribe con el océano Pacífico. Esa conexión, de concretarse, ofrecería una ruta terrestre para el transporte de carga entre los dos océanos sin pasar por los canales de Panamá o por el Cabo de Hornos.
La idea no es nueva en el debate colombiano. El gobierno de Gustavo Petro ya había mencionado la posibilidad de un corredor bioceánico como parte de sus planes de integración física con América Latina. Ahora, el presidente De la Espriella la recoge y la pone sobre la mesa con un enfoque que vincula al sector empresarial.
Desde el punto de vista logístico, un tren de este tipo tendría implicaciones enormes para el comercio exterior colombiano. Permitiría mover contenedores, hidrocarburos y productos agrícolas desde los puertos del Caribe hacia un eventual puerto seco en el Pacífico, o viceversa, reduciendo tiempos y costos frente a la navegación tradicional.
El Chocó aparece como un punto neurálgico en cualquier discusión de este tipo. Su ubicación geográfica, con costas sobre el Pacífico y cercanía a la frontera con Panamá, lo convierte en un corredor natural entre los dos mares. Sin embargo, la región también arrastra históricamente problemas de pobreza, aislamiento vial y débil presencia estatal.
La presencia de los grandes empresarios durante el anuncio sugiere que el gobierno busca abrir la puerta a esquemas de asociación público-privada o a inversiones directas. Aún no se conocen detalles sobre trazado, costo estimado, cronograma ni estudios de factibilidad técnica o ambiental.
La viabilidad de una obra de esta magnitud depende de múltiples factores: la topografía selvática del Darién y del Pacífico chocoano, los impactos ambientales sobre ecosistemas estratégicos, la consulta con comunidades étnicas que habitan la zona y la seguridad en regiones donde opera el crimen organizado.
Expertos en infraestructura suelen recordar que proyectos similares en otros países han tomado décadas entre la concepción inicial y la primera locomotora en operación. Colombia ha discutido variantes de un tren interoceánico desde al menos el siglo XIX, sin que ninguna se haya materializado.
Por ahora, lo concreto es que la propuesta vuelve a estar en la conversación pública con el respaldo del nuevo presidente y con la atención de los grandes capitales del país. Queda por delante el reto de traducir esa conversación en estudios serios, consensos territoriales y un modelo de financiación que haga viable lo que hoy es solo una idea sobre la mesa.
