El fenómeno de El Niño volvió a situarse en el centro de la agenda pública en Colombia por su impacto sobre el suministro de energía y agua. Según reportó Pulzo, el Gobierno nacional reforzó las acciones y estrategias para mitigar los efectos del evento climático en el abastecimiento básico. La alerta llega en un momento en que distintas regiones del país registran reducciones en los niveles de los embalses que alimentan las plantas hidroeléctricas.
Colombia depende en buena medida de la generación hidroeléctrica. Las centrales que operan con los caudales de los ríos y los embalses representan la mayor parte de la matriz eléctrica nacional, de acuerdo con el conocimiento general del sector. Cuando las lluvias disminuyen y las temperaturas suben, como ocurre durante El Niño, los niveles de los embalses bajan y se reduce la capacidad de generación. Eso obliga a recurrir con mayor frecuencia a plantas térmicas, que son más costosas y producen más emisiones.
En ese contexto, el Gobierno decidió intensificar las medidas de manejo del riesgo. Las autoridades del sector energético y de gestión del riesgo trabajan en protocolos para preservar los niveles de agua, coordinar la operación del sistema y prevenir cortes prolongados. Pulzo no detalla en su extracto la lista completa de acciones, pero confirma que el énfasis está puesto en el abastecimiento.
El efecto sobre los hogares es directo. Una menor disponibilidad de agua puede traducirse en restricciones de acueducto en municipios donde las fuentes superficiales dependen de los ríos afectados por la sequía. En paralelo, el encarecimiento de la generación térmica puede presionar las tarifas de energía, en especial para usuarios de estratos altos y para el sector industrial, que son los menos subsidiados.
El sector agrícola también queda expuesto. Cultivos de ciclo corto y producciones ganaderas en zonas como la región Caribe, los Llanos y parte del Valle del Cauca suelen resentirse durante los episodios de El Niño. Las pérdidas en el campo terminan trasladándose a los precios de alimentos en las ciudades, un efecto que la Defensoría del Pueblo y los ministerios de Agricultura y de Ambiente suelen monitorear en estos periodos.
Colombia ya enfrentó un episodio fuerte de El Niño en 2023 y otro entre 2015 y 2016. En ambas ocasiones el sistema eléctrico operó bajo esquemas de presión y se registraron alzas en los precios de la bolsa de energía. La diferencia con esta nueva alerta, según las autoridades, es que el país cuenta hoy con una mayor capacidad de monitoreo y con embalses que aún conservan reservas, lo que permite actuar antes de llegar a una contingencia.
El Gobierno también ha subrayado la importancia del ahorro de energía y agua en los hogares como parte de la respuesta. Campañas de uso racional, ajustes en horarios de bombeo en algunos municipios y vigilancia sobre el derroche en grandes consumidores hacen parte del plan conocido. La ciudadanía enfrenta así un llamado doble: reducir el consumo mientras las instituciones intentan mantener el servicio.
Queda pendiente conocer los lineamientos específicos que se implementarán en las próximas semanas. Sectores como el de agua potable, la generación térmica de respaldo y los planes de racionamiento preventivo serán observados de cerca por gremios, alcaldes y órganos de control. Por ahora, la advertencia está sobre la mesa y las autoridades piden prepararse para un periodo de clima seco extendido.
