El Ministerio de Agricultura dejó de utilizar la palabra 'campesino' en sus comunicaciones oficiales y la sustituyó por 'empresario del campo'. La orden la dio el titular de la cartera, Indalecio Dangond, según informó el diario El País.
Dangond explicó a su equipo que el término 'campesino' resulta despectivo y pidió reemplazarlo en todos los documentos, pronunciamientos y piezas de divulgación que produzca la entidad. La instrucción se enmarca en un cambio de lenguaje que el Ministerio empezó a aplicar de manera interna.
El Ministerio de Agricultura es la entidad encargada de formular y ejecutar la política agropecuaria en Colombia. Su lenguaje influye en la forma en que el Estado se dirige a millones de personas que viven y trabajan en zonas rurales, por lo que cualquier modificación en su terminología suele tener repercusiones más allá del papel.
La decisión de cambiar 'campesino' por 'empresario del campo' se inscribe en una visión que busca destacar el carácter productivo y empresarial de la actividad agropecuaria. Para el Ministerio, esa expresión resalta el aporte de quienes trabajan la tierra a la economía nacional y dignifica su oficio.
Organizaciones del sector rural y voceros académicos suelen usar el término 'campesino' como una categoría política, social y cultural que identifica a las comunidades productoras del campo colombiano. Esa acepción ha sido reconocida en leyes, sentencias y en los acuerdos firmados con comunidades rurales a lo largo de las últimas décadas.
El cambio de lenguaje ha generado reacciones divididas. Algunos sectores lo celebran como una forma de reconocer la vocación empresarial del agro, mientras que otros lo critican por borrar una identidad campesina que ha sido central en la historia agraria del país y que tiene reconocimiento constitucional.
Por ahora, la directriz aplica a las comunicaciones del Ministerio. Queda por verse si la medida se extenderá a otras entidades del Estado, a los documentos oficiales del Gobierno nacional o a la forma en que se nombran los programas dirigidos al sector rural.
El alcance real del cambio dependerá de cómo lo adopten los funcionarios en su día a día y de la respuesta de las comunidades campesinas, que históricamente han reclamado ser escuchadas con sus propios términos y categorías.
