En una columna publicada por Las2orillas, la internacionalista Sandra Borda cuestiona la estrategia del gobierno del presidente Abelardo de la Espriella frente a Estados Unidos. Según la columnista, la administración ha hecho gestos de acercamiento al gobierno de Donald Trump sin que se traduzcan en beneficios concretos para el país.
Borda asegura que el Ejecutivo ha sido generoso en concesiones hacia Washington, pero no ha exigido condiciones a cambio. Esa asimetría, señala, quedó en evidencia en la forma como se manejaron distintos temas de la relación bilateral durante los primeros meses de gestión.
Uno de los puntos centrales del análisis es la certificación en la lucha antinarcóticos. Colombia fue descertificada por Estados Unidos en los últimos años, una decisión que tiene implicaciones en cooperación, comercio y confianza inversionista. Para Borda, la descertificación se mantiene, lo que contradice el tono de sintonía que, según ella, el presidente ha comunicado públicamente.
La columnista recuerda que la certificación es un mecanismo que evalúa el cumplimiento de Colombia en metas de reducción de cultivos y lucha contra el narcotráfico. Cuando un país es descertificado, puede enfrentar recortes de ayuda, condicionamientos a acuerdos comerciales y un deterioro en su imagen ante inversionistas y organismos internacionales.
Además del tema antinarcóticos, Borda menciona otros frentes en los que, a su juicio, el gobierno ha cedido sin reciprocidad. Habla de una diplomaciareactiva frente a Washington, en la que las decisiones tomadas desde la Casa Blanca marcan la agenda y Bogotá responde con gestos unilaterales. La sensación, escribe, es la de un país que busca complacer más que negociar.
La relación con Estados Unidos es estructural para Colombia por razones históricas, comerciales y de seguridad. Washington es el principal socio comercial del país en muchos sectores y un aliado clave en la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y la migración. Por eso, los movimientos diplomáticos en esa dirección suelen tener efectos directos sobre la economía y la política interna.
El análisis de Borda se inscribe en un debate más amplio sobre el lugar de Colombia en el orden regional y global. Otros analistas han señalado que la política exterior requiere equilibrio entre los grandes socios y que ceder sin pedir puede profundizar la dependencia. La columnista coincide con esa lectura y pide una postura más firme y propositiva.
Por ahora, el gobierno no ha respondido de forma pública a los señalamientos de Borda. La descertificación sigue vigente y la relación bilateral entra en una etapa en la que se medirá si los gestos diplomáticos producen resultados tangibles. Lo que ocurra en los próximos meses mostrará si la estrategia de cercanía da frutos o se mantiene la asimetría que la columnista denuncia.
El artículo de Las2orillas reabre una discusión clave para la opinión pública: cómo negocia Colombia con su principal socio y qué tipo de resultados espera la ciudadanía de esa relación. La descertificación, mientras tanto, sigue siendo un indicador que el propio gobierno tendrá que revertir si quiere cerrar la brecha entre el discurso y los hechos.
