La Silla Vacía publicó un balance del primer mes del gobierno de Abelardo de la Espriella centrado en su producción por decreto. El reportaje señala que el presidente ofreció firmar cerca de 90 decretos en los primeros días de mandato. La promesa fue recogida por el medio como uno de los ejes de arranque de la nueva administración.
Transcurrido un mes desde la posesión, ninguno de esos decretos aparece firmado sobre los temas que el propio gobierno había anunciado. El balance contrasta esa ausencia con el avance de otra línea de decretos: los orientados a derogar medidas adoptadas durante el gobierno de Gustavo Petro.
El contraste importa porque mide el ritmo real de la Casa de Nariño frente a lo prometido en campaña y en los primeros discursos oficiales. Una cosa es la velocidad para desmontar lo hecho por la administración anterior y otra la velocidad para construir la agenda propia.
El mecanismo del decreto presidencial permite al Ejecutivo expedir normas sin pasar por el Congreso, con fuerza de ley en algunos casos. Por eso los presidentes suelen usarlo en las primeras semanas para fijar señalización política y arrancar programas. La lentitud o la aceleración del decreto se vuelve así un indicador directo del ritmo del nuevo gobierno.
Hasta ahora, según La Silla Vacía, el saldo del primer mes se concentra en derogaciones y no en decretos nuevos sobre las materias anunciadas. Eso incluye los temas que el propio gobierno colocó como prioritarios al inicio de la gestión y que aún no tienen texto oficial firmado.
El medio no detalla en el extracto cuáles son esos temas pendientes, por lo que la agenda concreta de los 90 decretos sigue sin hacerse pública en su totalidad. Lo que sí está documentado es el desfase entre la cantidad prometida y la cantidad efectivamente firmada en estas cuatro semanas.
La estrategia de derogar medidas del gobierno anterior tiene efectos prácticos inmediatos: deja sin piso normativo a políticas que estaban vigentes. Para la ciudadanía, eso significa cambios regulatorios en curso cuya estabilización depende de los decretos que el nuevo gobierno sí logre expedir en las próximas semanas.
Queda por verse si la Casa de Nariño recupera el ritmo y firma los decretos pendientes antes de que termine el primer trimestre. Mientras tanto, el balance del primer mes muestra un Ejecutivo que desmonta la herencia recibida pero todavía no ha plasmado por decreto su propia agenda de gobierno.
