La columna de Las2orillas, firmada con el título “El ‘milagro ambiental’ de Abelardo de la Espriella, cuando la política ambiental se convierte en política de seguridad”, examina el giro que ha dado la política ambiental en Colombia bajo el gobierno de Abelardo de la Espriella. El texto parte del contraste entre un discurso oficial de “milagro ambiental” y una práctica que, según el autor, equipara los conflictos por el uso del suelo con amenazas a la seguridad del Estado.
De acuerdo con la columna, la influencia de Estados Unidos habría consolidado una cultura política que trata problemas como las drogas y los bosques como amenazas militares por controlar. Esa lectura ubica al gobierno actual dentro de una tradición de cooperación bilateral que vincula conservación, lucha antinarcóticos y presencia militar en territorios selváticos y rurales.
El texto describe cómo esa aproximación cambia el lenguaje y los instrumentos de la política ambiental. En lugar de regulación, incentivos y participación comunitaria, predominan operativos, metas cuantificables y lógicas de control territorial. Para el columnista, la consecuencia es que el cuidado de los bosques se desliga de los derechos de las comunidades que habitan esas zonas.
La pieza también pone en discusión el término “milagro”. El autor sugiere que esa palabra sirve para presentar resultados de gestión sin detallar los métodos ni las consecuencias sobre la población. Al mismo tiempo, recuerda que Colombia ha sido durante décadas receptora de cooperación estadounidense en materia de medio ambiente, lo que ha moldeado tanto la normativa como la presencia de uniformados en regiones de selva y páramo.
Para los ciudadanos, el impacto se mide en la manera como se resuelven los conflictos por la tierra, el agua y los bosques. Si la política ambiental opera como política de seguridad, las decisiones sobre áreas protegidas, fumigaciones, sustitución de cultivos y ordenamiento territorial quedan atadas a comandos militares y a criterios de contención, no a procesos comunitarios ni a la justicia ambiental ordinaria.
El columnista no presenta cifras propias ni declaraciones oficiales del gobierno. Su argumento se apoya en la caracterización del discurso del presidente Abelardo de la Espriella como “milagro ambiental” y en la lectura histórica de la influencia de Estados Unidos sobre las políticas de drogas y bosques en Colombia, una influencia que ha sido documentada por académicos y por investigaciones periodísticas previas.
En conclusión, la columna invita a revisar qué se entiende por éxito ambiental cuando las estrategias usadas se parecen más a operaciones de seguridad que a políticas públicas de cuidado del territorio. La discusión queda abierta: si el “milagro” se sostiene con indicadores independientes o si se trata de un relato político que oculta los costos sociales de la militarización de la naturaleza.
