El Ministerio de Minas y Energía encendió una alerta sobre el impacto que tendría un agravamiento del fenómeno de El Niño en las tarifas de energía eléctrica que pagan los hogares y las empresas en Colombia. La advertencia fue formulada por la propia cartera, que reconoció la menor disponibilidad de agua en los embalsas que alimentan al sistema hidroeléctrico, fuente principal de electricidad en el país.
Según explicó el ministerio, la caída en los caudales obligaría al sistema a recurrir en mayor proporción a plantas térmicas que funcionan con gas natural y otros combustibles fósiles, que tienen un costo de generación más alto que el agua. Esa sustitución tecnológica se traduce de forma directa en precios más alto para los usuarios finales, en la medida en que las tarifas reflejan la mezcla de generación despachada en cada momento.
La preocupación fue sintetizada por la cartera con una pregunta directa: ¿de dónde vamos a sacar la energía? La frase recoge el dilema operativo que enfrenta el sistema eléctrico colombiano, históricamente dependiente de la hidrología andina, en un escenario de cambio climático con eventos extremos más frecuentes e intensos.
Colombia cuenta con una matriz eléctrica predominantemente hidráulica. Los embalses que alimentan las hidroeléctricas del centro del país suelen atravesar descensos pronunciados durante los periodos secos, y las autoridades recurren entonces a generación térmica de respaldo para mantener el suministro. El gas natural ha sido el combustible de transición más usado, pero su precio y disponibilidad están atados a la dinámica del mercado internacional.
El ministerio señaló que el Gobierno busca recursos y nuevas fuentes para evitar una mayor presión sobre el mercado eléctrico. Entre las alternativas que se han mencionado en los últimos años figuran la importación de gas, la diversificación de la matriz con proyectos solares y eólicos, y la optimización de contratos de energía a largo plazo. La concreción de esas medidas depende de decisiones regulatorias y de la inversión privada.
Para los usuarios, el efecto más sensible sería el aumento en la factura mensual de electricidad. Las tarifas ya incorporan componentes como el precio en bolsa, los cargos de transmisión y distribución, y los subsidios para estratos 1, 2 y 3. Cuando el precio de bolsa sube por mayor generación térmica, ese incremento se traslada a la factura, aunque con un rezago de uno o dos meses.
En el sector productivo, una subida sostenida de tarifas encarecería los costos de operación de industrias electrointensivas, comercios y servicios, con efectos que pueden propagarse a otros bienes y servicios. Sectores como la manufactura, los alimentos procesados y el comercio minorista suelen ser los más expuestos a variaciones en el precio de la energía.
El ministerio también apuntó a la necesidad de avanzar en fuentes renovables no convencionales, almacenamiento con baterías y eficiencia energética, opciones que reducirían la vulnerabilidad del sistema ante eventos climáticos extremos. Sin embargo, esas soluciones requieren años de maduración en regulación, contratación e infraestructura.
La alerta se conoce en un momento en que el fenómeno de El Niño es monitoreado de cerca por el Ideam y por los operadores del mercado eléctrico. Las autoridades han pedido a los usuarios aplicar medidas de uso eficiente de la energía como una forma de contener la presión sobre la demanda y, con ello, sobre los precios. La evolución de los caudales en los próximos meses será determinante para confirmar o descartar el escenario trazado por el ministerio.
