El portal regional La Noticia Tolima, del diario El Nuevo Día, publicó un recuento de las prendas que han acompañado al presidente Abelardo de la Espriella en sus apariciones públicas recientes, a las que en redes y en la calle ya se conoce como “modo Abelardo”. El artículo describe los elementos del vestuario, de estilo táctico, y ofrece un cálculo del valor que tendría armarlo en el comercio local.
Según la fuente, el conjunto incluye piezas asociadas al ámbito militar y de operaciones, como chaqueta tipo cargo, pantalón con bolsillos laterales, botas resistentes, camiseta interior de tonos oscuros, gorra táctica y accesorios como reloj digital, gafas de sol y cinturón reforzado. El medio precisa que se trata de referencias aproximadas, porque el presidente no ha detallado la marca ni el proveedor de cada prenda.
La aparición pública de esta estética coincide con el inicio del mandato de De la Espriella y con la decisión, anunciada por su gobierno, de darle un perfil más operativo a la comunicación presidencial. La narrativa oficial ha buscado transmitir cercanía con las fuerzas de seguridad y con sectores rurales, grupos con los que el presidente sostuvo buena parte de su trayectoria profesional antes de llegar a la Casa de Nariño.
En Ibagué, la difusión del “modo Abelardo” se dio primero por grupos de WhatsApp y publicaciones en Instagram y TikTok, donde usuarios compartieron capturas de las apariciones del presidente y compararon las prendas con modelos disponibles en almacenes locales. Algunos comerciantes dijeron a El Nuevo Día que recibieron consultas sobre chaquetas y botas tipo táctico en las dos semanas siguientes a las primeras publicaciones.
El fenómeno no es nuevo en la política colombiana. Otros mandatarios han visto cómo su vestimenta se replica en regiones específicas, en parte porque la ropa funciona como una señal de identidad y de cercanía con un electorado concreto. La diferencia, según analistas citados en otras ocasiones por medios nacionales, es que esta estética apela a un imaginario de orden y de presencia en terreno, distinto al traje formal que predominó en presidencias anteriores.
Para los ciudadanos, el efecto más inmediato es comercial. Los precios que circulan en la nota regional ubican el conjunto completo en un rango intermedio para el bolsillo de Ibagué, lo que ha generado expectativa entre quienes quieren imitar la pinta sin hacer un gasto mayor. Al mismo tiempo, voces locales recordaron que la vestimenta de un jefe de Estado también comunica valores sobre el uso de recursos públicos y sobre el protocolo que rodea a la figura presidencial.
El gobierno nacional no se ha pronunciado oficialmente sobre la tendencia. En sus apariciones, De la Espriella ha mantenido el mismo estilo táctico desde la posesión, lo que sugiere que la elección no responde a un evento puntual, sino a una línea deliberada de presentación personal. Esa continuidad es la que ha permitido que el “modo Abelardo” se consolide como etiqueta en redes.
Por ahora, la discusión se mantiene en el terreno de la imagen y del consumo. Queda por ver si el fenómeno se traduce en una mayor adopción de la estética en eventos oficiales de otras regiones, y si el Gobierno, en algún momento, decide detallar el origen o la marca de las prendas, un dato que suele generar interés cuando los mandatarios sostienen un estilo reconocible a lo largo de su mandato.
