El pasado 20 de julio se cumplió la instalación formal del Congreso de Colombia para el periodo legislativo 2026-2030. En esa misma sesión, las plenarias de Senado y Cámara de Representantes debían elegir a quienes presidirán las mesas directivas durante el primer año, una decisión clave porque desde allí se maneja la agenda legislativa del país.
Según informó CNN en Español, el candidato del presidente electo Abelardo de la Espriella para la presidencia del Senado era Alfredo Deluque, del partido de Unidad Nacional. Sin embargo, el camino no estaba despejado. Una alianza no oficial, que nadie anticipó, terminó por imponerse en la votación y dejó por fuera la candidatura que respaldaba el gobierno entrante.
La novedad no fue solo el resultado, sino la forma. Una coalición no oficial capaz de mover mayorías en el Senado implica que distintos bloques, que en campaña estuvieron separados, encontraron puntos en común a la hora de repartir el poder interno del Congreso. Para el gobierno de De la Espriella, que asumirá funciones en las próximas semanas, el mensaje es directo: necesitará negociar desde el primer día.
La elección de las mesas directivas es uno de los primeros exámenes de gobernabilidad para cualquier presidente en Colombia. Quien preside el Senado y la Cámara controla el orden del día, la programación de debates y el flujo de los proyectos. En la práctica, condiciona la viabilidad de la agenda del Ejecutivo en el Capitolio.
Para los ciudadanos, el episodio tiene efectos prácticos. Las reformas y los proyectos que el gobierno de De la Espriella presente, desde el primer año legislativo, dependerán en buena parte de acuerdos con sectores que ya mostraron capacidad de articulación propia. La negociación política pasa a ser tan importante como el contenido de las iniciativas.
En la Cámara de Representantes ocurrió un proceso paralelo de elección de su mesa directiva. Aunque el extracto de CNN en Español se centra en el Senado, el contexto es similar: cada corporación define por separado quién la preside, y ambos resultados configuran el mapa de poder del Congreso que comienza.
El hecho de que la alianza no haya sido anticipada por los analistas también aporta una lectura. La composición del nuevo Congreso, fruto de las elecciones recientes, fragmentó las mayorías tradicionales. Con bancadas más dispersas, los acuerdos puntuales pesan más que los bloques monolíticos de antes.
Desde el gobierno electo aún no se conocía, al cierre de la nota citada, una reacción pública detallada al resultado en el Senado. Lo que queda claro es que la instalación legislativa dejó planteado el principal reto político del cuatrienio: construir gobernabilidad en un Congreso donde la oposición y los independientes ya demostraron que pueden coordinarse por fuera del Ejecutivo.
El primer año legislativo, que coincide con el arranque del mandato de De la Espriella, servirá para medir si esa mayoría no oficial se mantiene, se amplía o se disuelve. Mientras tanto, la agenda del país pasa a depender, en buena medida, de la capacidad de diálogo entre la Casa de Nariño y el Capitolio.
