De acuerdo con Infobae, el nuevo Gobierno de Colombia reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, un territorio en disputa desde hace casi cinco décadas en el noroeste de África. El anuncio representa un giro diplomático para un país que hasta ahora mantenía una postura cercana a la de Naciones Unidas, que no reconoce una soberanía plena sobre la zona y propone un proceso de autodeterminación.
El Sáhara Occidental fue colonia española hasta 1975 y, tras su retirada, fue ocupado principalmente por Marruecos. El Frente Polisario, que reclama la independencia del territorio, declaró la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en 1976. Desde entonces, la región es escenario de un conflicto entre Marruecos, el Frente Polisario y la comunidad internacional, que incluye el envío de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO).
En América Latina, la cuestión del Sáhara ha tenido tradicionalmente un eco diplomático. Varios países de la región, entre ellos Colombia en momentos anteriores, han apoyado las resoluciones de la ONU que llaman a una solución negociada mediante el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. El reconocimiento otorgado a Marruecos se aparta de esa línea y se alinea con la posición que han adoptado Estados como Estados Unidos en 2020, Francia, España en 2022 y otros socios europeos que respaldan el plan de autonomía marroquí.
Para Marruecos, el aval internacional sobre su soberanía es un objetivo central de su diplomacia desde hace años. Rabat considera el Sáhara como una cuestión de integridad territorial y ha promovido el reconocimiento en distintos foros bilaterales y multilaterales. En 2007 propuso una autonomía bajo soberanía marroquí como base de negociación, fórmula que ha ganado adhesiones en los últimos años.
El movimiento implica ajustes en las relaciones de Colombia con varios actores. Por un lado, fortalece los vínculos con Marruecos, un socio comercial con intereses en África y el mundo árabe. Por el otro, tensará la relación con el Frente Polisario y con quienes defienden el derecho a la autodeterminación saharaui, que han contado con apoyo en sectores políticos, académicos y sociales de América Latina.
Según Infobae, la decisión se enmarca en el relanzamiento de las relaciones bilaterales entre Bogotá y Rabat. El Gobierno colombiano ha buscado ampliar su presencia diplomática en África y diversificar alianzas en materia comercial, migratoria y de seguridad. Marruecos, por su parte, ha redoblado su presencia diplomática en América Latina en la última década, con embajadas y acuerdos de cooperación en varios países de la región.
La medida no altera de inmediato los acuerdos comerciales vigentes, pero abre la puerta a una eventual profundización de la cooperación bilateral. Sectores como el agrícola, el energético y el de fertilizantes son áreas donde Marruecos tiene presencia exportadora y donde Colombia podría explorar nuevos vínculos. En paralelo, Rabat ha mostrado interés en proyectos de infraestructura y conectividad en América Latina.
Para la ciudadanía colombiana, el cambio tiene efectos principalmente diplomáticos y simbólicos. No impacta de forma directa en el bolsillo ni en los servicios públicos del país. Sí modifica el mapa de alianzas internacionales de Colombia y puede influir en la forma en que el país participa en foros multilaterales como la Asamblea General de la ONU y el Comité de Descolonización, donde el Sáhara Occidental es un tema recurrente.
En el plano interno, la decisión puede generar reacciones en distintos sectores. Organizaciones defensoras del derecho a la autodeterminación de los pueblos han expresado históricamente respaldo a la causa saharaui y podrían fijar posición. En el ámbito político, el cambio podría reabrir el debate sobre el papel de Colombia en los conflictos internacionales y los criterios con los que se toman decisiones de política exterior.
Queda por ver si la decisión se formalizará mediante un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores y si vendrá acompañada de la apertura o fortalecimiento de una embajada colombiana en Rabat. También está pendiente el alcance del reconocimiento: si implica el apoyo explícito al plan de autonomía marroquí, el respaldo a la posición marroquí en los organismos internacionales o ambas cosas. El nuevo escenario coloca a Colombia entre los países que han modificado su postura sobre el Sáhara en los últimos años.
