El presidente Abelardo de la Espriella presentó una reforma estructural del sistema tributario colombiano, según reportó el diario Correo del Sur. El anuncio se enmarca en la promesa de hacer de Colombia un país seguro para invertir, uno de los ejes centrales de su discurso de llegada al Gobierno.
La reforma propuesta busca tres objetivos explícitos: simplificar el sistema, combatir la evasión fiscal y favorecer la inversión, la producción y el empleo. De la Espriella planteó la iniciativa como un paquete integral, no como medidas aisladas, y la vinculó a la necesidad de recuperar la confianza de los agentes económicos.
Como parte del paquete, el presidente confirmó la eliminación del impuesto al patrimonio. Este gravamen, vigente de manera intermitente en Colombia durante las últimas décadas, había sido retomado en gobiernos recientes como fuente de recaudación. Su supresión constituye una señal directa hacia los sectores de mayores ingresos y hacia el mercado de capitales.
La simplificación tributaria es un tema recurrente en las propuestas económicas colombianas. En el pasado, reformas como las de 2016 y 2019 intentaron modernizar el Estatuto Tributario, reducir la cantidad de procedimientos y unificar criterios, aunque los resultados en materia de evasión y equidad siguen siendo objeto de debate técnico.
El combate a la evasión fiscal es uno de los desafíos estructurales más antiguos del país. La Dian, la entidad recaudadora, ha señalado históricamente que buena parte del incumplimiento proviene de sectores informales, del manejo de facturas y de operaciones transfronterizas. Una reforma que simplifique el sistema podría facilitar el control, aunque también podría ampliar bases si se reducen tasas.
Para la ciudadanía, las decisiones anunciadas tienen implicaciones distintas según el perfil del contribuyente. Los dueños de patrimonios líquidos altos se verían liberados de un gravamen específico. Las empresas esperan señales claras sobre tarifas de renta, IVA y descuentos tributarios. Los trabajadores formales dependen de que la mayor inversión se traduzca en empleo estable.
El mensaje de hacer de Colombia un país seguro para invertir, repetido por el nuevo Gobierno, va más allá de lo tributario y suele asociarse con condiciones de seguridad jurídica, orden público y estabilidad regulatoria. El componente fiscal es apenas una pieza, pero resulta determinante para la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros.
Quedan pendientes varios puntos clave del anuncio. El Ejecutivo aún no ha detallado el texto del proyecto, ni el calendario de presentación al Congreso, ni el impacto estimado en el recaudo nacional. También falta precisar cómo se compensará la eliminación del impuesto al patrimonio en las cuentas públicas, un aspecto que será central en el debate legislativo.
En las próximas semanas se esperan las primeras reacciones de gremios como la Andi, Asofondos y Fenalco, además de analistas económicos y de los propios congresistas que deberán tramitar la reforma. El tono del debate dependerá de si la propuesta llega acompañada de estimaciones fiscales creíbles y de una ruta clara para cerrar el hueco que deje la eliminación del impuesto al patrimonio.
