Durante la campaña y ya como ganador de la elección, Abelardo de la Espriella planteó la idea de “despachar” desde ciudades distintas a Bogotá. La propuesta, recogida por El Colombiano, ha abierto un debate sobre los márgenes reales que tiene un presidente para fijar su lugar habitual de trabajo fuera de la capital.
En Colombia no existe una norma que prohíba al presidente despachar fuera de Bogotá, según explican constitucionalistas. La Casa de Nariño, sede oficial del Ejecutivo, está en la capital, pero la ley no obliga al mandatario a permanecer físicamente allí para ejercer sus funciones. En la práctica, los presidentes se desplazan con frecuencia por el territorio nacional y firman actos administrativos desde distintos lugares.
Donde sí hay restricciones claras es en el protocolo y la logística. Los presidentes de la República cuentan con esquemas de seguridad a cargo de la Unidad Nacional de Protección y de la Policía, además de un aparato logístico con sede principal en Bogotá. Sacar ese engranaje de la capital de forma permanente implica decisiones de coordinación que no están reguladas por un mandato único.
Otro punto sensible es la articulación con el Congreso. Las sesiones legislativas, los debates de control político y la mayoría de los trámites formales ocurren en la sede del Legislativo, en Bogotá. Un presidente que trabaje de forma habitual desde una ciudad distinta tendría que garantizar canales ágiles de comunicación con las comisiones y plenarias, así como con los ministerios y entidades descentralizadas.
El antecedente más cercano de un presidente itinerante es el del propio Álvaro Uribe, quien durante sus dos mandatos (2002-2010) acostumbró a presidir consejos de ministros desde ciudades como Medellín, Cali o Barranquilla. La fórmula le permitió mantener un vínculo directo con los mandatarios locales, pero también generó críticas por el uso intensivo del avión presidencial y por los traslados constantes del esquema de seguridad.
Para analistas en gestión pública, la “despacho” desde las regiones puede ser una herramienta de cercanía, pero también una carga operativa. Un presidente que se mueve con frecuencia debe sostener al mismo tiempo la agenda en Bogotá: encuentros con el Congreso, diplomáticos, líderes gremiales y la propia planeación diaria del Ejecutivo.
De la Espriella ha propuesto a Barranquilla como una de sus bases de operación. La ciudad, capital del Atlántico y principal centro urbano de la región Caribe, concentra buena parte de su movimiento político y empresarial. Desde allí, según la idea que ha difundido, buscaría un contacto más directo con los territorios y con los sectores productivos del norte del país.
En todo caso, la viabilidad de la propuesta depende de decisiones administrativas que corresponden al mismo presidente una vez posesionado. Reglamentar una sede alterna del despacho presidencial, definir recursos y coordinar la seguridad son tareas que no requieren reforma constitucional, pero sí voluntad política y planeación detallada. Por ahora, la idea permanece como una intención declarada por el presidente electo.
