La publicación de CAMBIO Colombia agrupa los indicadores macroeconómicos y sociales más relevantes en tres categorías, según su estado actual: rojo para los que muestran deterioro, amarillo para los que exigen atención y verde para los que evolucionan de manera positiva. La metodología permite visualizar de un vistazo el tamaño del reto que asume la administración que comienza.
En la franja roja aparecen señales preocupantes. El crecimiento económico de Colombia viene perdiendo fuerza desde hace varios años, y el producto interno bruto cerró reciente con variaciones modestas frente al potencial de la economía. El desempleo, aunque ha bajado, todavía se mantiene en niveles de dos dígitos para el agregado nacional, y la informalidad laboral supera la mitad de los ocupados. La inversión extranjera directa ha mostrado altibajos y la inversión pública productiva sigue contenida por las restricciones fiscales.
En el semáforo amarillo figuran indicadores que requieren vigilancia. La inflación cedió desde los picos de años anteriores y se acercó a la meta del Banco de la República, pero todavía hay rubros sensibles, como alimentos y servicios, que presionan el bolsillo de los hogares. La tasa de interés de política monetaria se ubica en niveles contractivos, lo que encarece el crédito para empresas y familias. El déficit fiscal y el nivel de deuda pública se mantienen como temas de seguimiento por parte de calificadoras y organismos multilaterales.
En verde se ubicaron señales de fortaleza. Las exportaciones, en particular las no tradicionales, han mantenido un comportamiento dinámico en sectores como agro, manufacturas y servicios. Las remesas enviadas por colombianos en el exterior siguen siendo un soporte importante para la cuenta corriente y para el consumo de los hogares receptores. La banca y el sistema financiero conservan solvencia y liquidez adecuadas, según los reportes de los reguladores. El turismo interno muestra recuperación sostenida desde la reapertura posterior a la pandemia.
El balance llega en un momento sensible. El país está cerrando un ciclo electoral y abriendo un nuevo gobierno, con el reto de mantener la disciplina macroeconómica y al mismo tiempo responder a las demandas sociales acumuladas. La credibilidad ante inversionistas, multilaterales y mercados depende de que las señales rojas y amarillas se aborden con un plan creíble y con resultados tempranos.
Para la ciudadanía, el semáforo se traduce en efectos cotidianos. Si el crecimiento se acelera, mejora el empleo y el crédito. Si la inflación repunta, se resiente el poder de compra de alimentos y servicios. Si la deuda pública crece, puede haber menos espacio para inversión social. Cada color representa una decisión que termina tocando el bolsillo, la estabilidad laboral o el acceso a servicios.
CAMBIO Colombia también recoge reacciones de analistas que piden priorizar la inversión, simplificar la regulación y avanzar en reformas estructurales. Economistas del sector privado consultados por el medio han señalado que la clave está en combinar disciplina fiscal con políticas que reactiven la confianza empresarial. Organizaciones sociales, por su parte, insisten en que la reducción de la informalidad y la mejora del empleo de calidad sean objetivos de primer orden.
Lo que viene para el gobierno de Abelardo de la Espriella es exigente. Tendrá que presentar un plan fiscal coherente, mantener la autonomía del Banco de la República y construir consensos con sectores productivos, trabajadores y regiones. El semáforo publicado por CAMBIO Colombia no es un diagnóstico cerrado: es una línea base sobre la cual se medirán los primeros meses de gestión y los ajustes que se decidan en el rumbo económico del país.
