El Banco de Occidente ajustó a la baja su previsión de crecimiento para la economía nacional. David Cubides, economista jefe de Investigaciones Económicas de la entidad, explicó que "ante el entorno actual, redujimos la proyección de crecimiento nacional de 2,7% a 2,5%". La revisión ocurre en un momento marcado por las consecuencias del reciente terremoto que afectó al país.
El movimiento telúrico y sus efectos sobre la infraestructura, la vivienda y la actividad productiva se convirtieron en el factor central del nuevo escenario macroeconómico. Aunque el reporte del Banco de Occidente no detalla cada componente, la caída de dos décimas en la expectativa de crecimiento refleja el peso que el desastre ya tiene en las cuentas nacionales, según publicó Infobae.
Desde el gobierno nacional, el presidente Abelardo de la Espriella había presentado una primera estimación de los costos asociados al fenómeno. Las cifras oficiales quedaron por debajo de los cálculos que ahora manejan distintos analistas y entidades financieras, lo que abrió un debate sobre el tamaño real del golpe económico.
El diferencial entre la estimación gubernamental y la proyección del sector financiero no es menor: mientras el Gobierno habla de un impacto contenido, los analistas advierten que las pérdidas podrían ser sensiblemente mayores. Esa brecha se explica, en parte, por la dificultad de medir en tiempo real los daños sobre viviendas, vías, redes de servicios y comercios en las zonas afectadas.
Para los ciudadanos, la revisión a la baja del crecimiento se traduce en expectativas más moderadas de generación de empleo, inversión y recaudo fiscal. Una economía que crece 2,5% en lugar de 2,7% deja menos margen para programas sociales y para la reconstrucción, justo cuando la demanda de recursos públicos por la emergencia es mayor.
El papel del Banco de Occidente como una de las entidades que monitorea el pulso de la economía colombiana le da al pronunciamiento de Cubides un peso relevante en el debate público. Los bancos y centros de investigación suelen ajustar sus modelos conforme llega nueva información sobre desastres naturales, y esta corrección anticipa un año más exigente de lo previsto.
La diferencia entre las cifras del Gobierno y las del sector financiero también abre preguntas sobre la metodología empleada por cada lado. Mientras el Ejecutivo suele trabajar con reportes oficiales de daños, los analistas incorporan variables como la caída de la confianza del consumidor, la pausa en proyectos de inversión y los sobrecostos logísticos.
En las próximas semanas se espera que otras entidades, tanto nacionales como internacionales, actualicen sus propias proyecciones. Organismos como el Banco de la República, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial suelen revisar sus cifras tras eventos de esta magnitud, y sus pronunciamientos podrían ampliar el panorama sobre los efectos fiscales y sociales del terremoto.
Por ahora, el recorte de dos décimas en la previsión de crecimiento deja una señal clara: la economía colombiana enfrenta un 2026 con menos aire del que se pensaba, y la factura del terremoto será más alta de lo que el gobierno de Abelardo de la Espriella reconoció en su primera estimación.
