Colombia inicia el ciclo presidencial de Abelardo De la Espriella con un panorama económico de dos caras, según el balance publicado por La FM. Por un lado, el desempleo se ubica en mínimos históricos, una cifra que durante los últimos años se convirtió en bandera del gobierno saliente de Gustavo Petro. Por el otro, el crecimiento del Producto Interno Bruto se mantiene por debajo del potencial que estiman analistas y organismos internacionales.
El informe de La FM describe un mercado laboral que logró niveles de ocupación no vistos en décadas, con tasas de desempleo que cayeron de manera sostenida. Sin embargo, el mismo medio advierte que esa variable empieza a dar señales de cambio. Esa lectura anticipa un escenario de transición para la administración entrante, que deberá decidir si conserva los instrumentos que llevaron a esos resultados o si introduce ajustes.
En materia de deuda pública, el balance destaca que el indicador quedó en el piso, expresión que en el lenguaje económico alude a niveles reducidos. Esa fotografía contrasta con la de años anteriores, cuando el país enfrentó alertas de calificadoras de riesgo y discusiones en el Congreso sobre el techo de endeudamiento. La carga de la deuda y su costo financiero seguirán siendo variables clave para la política fiscal del nuevo gobierno.
La economía colombiana creció por debajo de su potencial durante el período que cierra. Esa brecha entre el crecimiento efectivo y el crecimiento posible suele traducirse en menor generación de ingresos tributarios, presión sobre el gasto público y debates sobre la velocidad de la inversión. Para los ciudadanos, el efecto más visible es una creación de empleo formal más lenta de la que requeriría absorber a quienes hoy están fuera del mercado laboral.
El contexto institucional que recibe De la Espriella incluye un Banco de la República con autonomía para definir la política monetaria y un marco fiscal que el Ministerio de Hacienda deberá ejecutar desde el primer día. Las calificadoras internacionales y los organismos multilaterales observarán de cerca tanto la continuidad de los programas sociales como las señales de disciplina macroeconómica. Cualquier giro brusco en cualquiera de los dos frentes puede mover las expectativas de inversión.
La fuente también recoge el contraste entre los indicadores positivos de empleo y los problemas estructurales que persisten. Sectores como el agropecuario, el industrial y la construcción han mostrado ritmos dispares, y la productividad del país sigue siendo un pendiente histórico. La combinación de baja inflación relativa, menor presión cambiaria y un desempleo en mínimos ofrece un punto de partida discutible: sólido en lo social, pero con margen de mejora en lo productivo.
Para la ciudadanía, el balance implica que las decisiones de política económica del nuevo gobierno se medirán por su efecto en el empleo formal, el acceso al crédito, la inversión extranjera y la sostenibilidad de la deuda. Las organizaciones sindicales y gremiales ya empiezan a pronunciarse sobre las prioridades del próximo cuatrienio. Lo que queda en discusión es si el próximo gabinete apostará por profundizar los programas sociales que acompañaron la baja del desempleo o por reorientar recursos hacia sectores que sigan rezagados.
Quedan pendientes sobre la mesa: la continuidad o no de reformas estructurales iniciadas en el período anterior, la reforma tributaria que rija el nuevo gobierno, el manejo de la deuda externa y la estrategia para reactivar sectores con crecimiento débil. La FM concluye que De la Espriella recibe un país con indicadores sociales favorables y un frente fiscal más cómodo, pero con el desafío de elevar el crecimiento al nivel de su potencial. Esa será la vara con la que se mida el nuevo gobierno.
