La pregunta que abrió la investigación periodística es directa: ¿en qué se gastó Abelardo de la Espriella los 17 mil millones de pesos que pidió prestados para financiar la segunda vuelta presidencial en la que resultó vencedor? La respuesta, según el análisis de ELTIEMPO.com, apunta a una concentración inusual del gasto.
El reporte detalla que el 94,6% de los egresos registrados fueron a parar a un único ítem. El dato llama la atención porque, en una campaña presidencial de segunda vuelta, la norma suele distribuir los recursos entre publicidad, logística, transporte, personal, eventos y comunicaciones, entre otros rubros. Un nivel de concentración como el reportado excede lo habitual en los reportes que las campañas presentan ante el Consejo Nacional Electoral (CNE).
El país conoce el nombre del presidente desde el día de la elección, pero la trazabilidad del dinero que financió esa victoria quedó en observación. Cualquier campaña que recurre a créditos para llegar a la segunda vuelta queda atada a un mecanismo de pagos conocido como reposición de gastos por votos, una figura contemplada en la legislación electoral colombiana para campañas que superan ciertos umbrales de votación.
Según el mismo reporte, con la reposición de gastos por votos la campaña cubriría la totalidad de los 17 mil millones invertidos. En términos prácticos, eso significa que los recursos públicos que entrega el Estado tras la elección reembolsarían el crédito y dejarían la campaña con un balance neutro frente a las entidades financieras.
La diferencia entre tomar un crédito y depender exclusivamente de recursos propios o donaciones es relevante para la transparencia. La legislación obliga a las campañas a reportar cada movimiento ante la autoridad electoral, y es justamente sobre esos reportes que medios como ELTIEMPO.com hacen sus verificaciones cruzadas.
Para los ciudadanos, el asunto va más allá del dato financiero. Concentrar casi todo el gasto en un solo ítem plantea preguntas sobre la estrategia de la campaña, sobre los proveedores contratados y sobre el cumplimiento de los topes y límites que fija la ley electoral. La concentración elevada también puede disparar revisiones del CNE y de los organismos de control.
La campaña de De La Espriella ganó la segunda vuelta y con ella la Presidencia. La financiación que hizo posible ese triunfo es ahora objeto de escrutinio, como ocurre con cualquier campaña presidencial en Colombia. El reporte periodístico citado deja planteada la inquietud sobre el rubro específico que absorbió esa proporción del gasto.
El siguiente paso informativo depende de dos frentes. Por un lado, del propio desglose que entregue la campaña o su gerente financiero, idealmente con el nombre del proveedor y el concepto exacto del servicio. Por el otro, de la decisión que adopte el Consejo Nacional Electoral al validar las cuentas de la campaña en los plazos establecidos por la ley.
La ciudadanía queda, por ahora, con un dato concreto: 17 mil millones de pesos, un 94,6% concentrado en un solo ítem y la promesa, según el reporte, de que la reposición de votos los cubrirá completos. La explicación detallada del rubro sigue pendiente.
