El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, sostuvo una conversación con el senador y aspirante a la presidencia de Brasil Flávio Bolsonaro. Según reportó La Opinión, el tema central fue la política de seguridad del gobierno colombiano y, en particular, la controversial práctica presidencial de caminar entre cadáveres dejados por hechos violentos, una imagen que ha generado amplio debate en el país.
Durante la charla, De la Espriella reafirmó su postura frente a las críticas recibidas. La frase atribuida al jefe de Estado fue directa: "entre más le disguste a la izquierda, más lo voy a hacer". Con esa declaración el presidente enmarcó la práctica como una decisión deliberada que continuará ejecutando pese al rechazo que genere en sectores de la oposición.
El gobierno colombiano ha sustentado su política de seguridad en una presencia directa del presidente en escenas de crimen, presentándola como una manera de respaldar a las fuerzas armadas y a las víctimas. La estrategia ha sido justamente la rendija por donde se le ha cuestionado: críticos de distintos sectores han señalado que caminar entre cadáveres transmite mensajes que comprometen la dignidad de las víctimas y de sus familias.
La conversación con Flávio Bolsonaro le da al episodio un tono internacional. El senador brasileño es uno de los rostros más visibles de la derecha en su país y competirá por la presidencia. Que un jefe de Estado sudamericano aborde estos temas con un candidato de otra nación da pistas de cómo se están tejiendo afinidades políticas regionales por fuera de los canales diplomáticos tradicionales, especialmente en materia de seguridad y orden público.
Para la ciudadanía colombiana, el tema toca fibras sensibles. Familias de víctimas han visto convertida una escena de dolor en un gesto político. Organizaciones de derechos humanos y sectores académicos suelen recordar que las escenas de crimen son espacios protegidos por protocolos forenses, y que la presencia de autoridades en esas zonas puede alterar la cadena de custodia y el respeto a los familiares.
Defensores de la práctica argumentan que refleja cercanía con la realidad que viven los territorios más afectados por la violencia, muchos de ellos con presencia histórica de grupos armados y economías ilegales. La discusión, entonces, no es solo de imagen: también pone sobre la mesa qué tanto una forma particular de hacer política puede convertirse en política de Estado.
La frase "entre más le disguste a la izquierda, más lo voy a hacer" es un mensaje deliberadamente polarizante. Presenta la conducta como una afrenta contra un adversario político, no como una medida técnica de seguridad. Esa lectura puede resonar en su base electoral, pero también deja a críticos de otros sectores, incluido el centro y la derecha moderada, sin argumentos para respaldar el procedimiento.
La reunión con Flávio Bolsonaro deja abiertas varias preguntas. ¿Se trató de un intercambio informal o de una coordinación política con miras a eventuales alianzas regionales? ¿Qué tanto influirá el estilo del gobierno colombiano en plataformas extranjeras que promueven modelos de mano dura? Por ahora, la única constancia pública es el reporte de La Opinión y las declaraciones allí registradas.
El episodio deja además un dato pendiente para la opinión pública: hasta ahora no se conoce una evaluación oficial sobre si los procedimientos presidenciales en escenas de crimen cumplen o no con los protocolos forenses vigentes. Esa información, de producirse, será clave para medir el margen entre la intención política del gesto y sus efectos prácticos sobre la administración de justicia y el respeto a las víctimas.
