La controversia gira en torno a la decisión del equipo organizador de la posesión presidencial de no convocar a los exjefes de Estado que han pasado por la Casa de Nariño. Esteban Santos, en una reacción pública recogida por Infobae, calificó esa exclusión como un gesto contradictorio con el mensaje espiritual que el nuevo gobierno ha promovido en los días previos a la juramentación.
Santos sostuvo, según Infobae, que la fe y los valores religiosos no pueden desligarse del respeto a los antecesores en el cargo. "La fe también habla de no odiar", afirmó, en una frase que resume su discrepancia con la línea que ha manejado el entorno del presidente entrante sobre la transición de mando.
El comentario se produjo en un contexto sensible para el nuevo gobierno. Abelardo de la Espriella realizó un retiro espiritual antes de asumir la presidencia, un acto que su círculo más cercano presentó como una señal de reconciliación y de búsqueda de orientación para el ejercicio del poder. La crítica de Santos pone en duda esa lectura al señalar que la exclusión de los expresidentes rompe ese propósito.
En Colombia, la posesión presidencial es una ceremonia de Estado que tradicionalmente convoca a los exmandatarios como parte del protocolo y como expresión de continuidad institucional. Su presencia se ha interpretado, en distintas coyunturas, como un gesto de legitimidad republicana y de respeto por el ejercicio previo del cargo, sin importar la afinidad política entre el nuevo presidente y sus antecesores.
El debate excede el protocolo. La decisión de incluir o no a los expresidentes suele leerse como una señal política sobre el tipo de relación que el nuevo gobierno pretende construir con los sectores que lo antecedieron. En pasadas transmisiones de mando, la ausencia de algún exjefe de Estado generó interpretaciones encontradas sobre rupturas o distancias ideológicas.
En redes sociales y en el escenario político, la reacción de Santos encendió una discusión más amplia sobre si el acto inaugural debe representar a toda la institucionalidad o a un sector particular del espectro político, como señala Infobae. Sectores afines al nuevo gobierno han defendido la decisión argumentando autonomía del nuevo mandato, mientras que voces de la oposición y de ex colaboradores de gobiernos anteriores han expresado malestar.
Para la ciudadanía, el episodio tiene una lectura doble. Por un lado, es un asunto de protocolo y de simbolismo republicano que define el tono de arranque de una administración. Por otro, refleja cómo los gestos de exclusión o inclusión en las grandes ceremonias públicas terminan marcando el clima político de los primeros meses de gobierno y condicionan el diálogo con los distintos poderes y sectores.
Queda por ver si la organización de la ceremonia rectifica la decisión e invita formalmente a los expresidentes en las próximas horas, o si la mantiene. La propia reacción de Santos deja planteada la pregunta de si el retiro espiritual del presidente y la lista de invitados a su posesión responden a una misma lógica o responden a criterios distintos que terminan por contradecirse.
Infobae, que publicó la declaración de Esteban Santos, recoge también el alcance de las reacciones en plataformas digitales, donde el episodio ha sido interpretado tanto como una controversia menor de protocolo como una señal sobre la orientación política del nuevo gobierno frente a sus antecesores.
