El exministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Gustavo Petro cuestionó la decisión del presidente Abelardo de la Espriella de romper relaciones diplomáticas con el régimen de Irán. Según la fuente, el excanciller afirmó que Colombia "no puede convertirse en instrumento de alineamiento con Washington" a raíz de esta determinación, reportó Infobae.
La ruptura diplomática se produjo en un contexto de tensiones entre el gobierno colombiano y Teherán. Tras el anuncio, el régimen iraní lanzó acusaciones directas contra el Gobierno nacional, señalando que Colombia "no está en posición alguna de dar lecciones" a ningún otro Estado en materia de drogas, según el extracto de Infobae.
El detonante de las acusaciones iraníes fue la incautación de 55 kilogramos de cocaína en territorio iraní. Este decomiso, que las autoridades colombianas presentaron como parte de su política de lucha contra el narcotráfico, fue utilizado por Teherán para cuestionar la autoridad moral del país en la materia.
El cruce de declaraciones pone en evidencia un giro en la política exterior colombiana respecto al Medio Oriente. Bajo la administración anterior, las relaciones con Irán habían transcurrido sin episodios públicos de esta magnitud, pese a las diferencias que el gobierno de Petro mantuvo con otros aliados tradicionales de Estados Unidos.
Para el excanciller que formuló la crítica, la decisión de De la Espriella responde a presiones externas y no a un cálculo propio de interés nacional. Su señalamiento de "alineamiento con Washington" alude directamente al papel de Colombia como socio estratégico de Estados Unidos en la región, un vínculo que abarca cooperación militar, comercial y antinarcóticos.
Desde la óptica del régimen iraní, la postura de Colombia combina dos elementos sensibles: el respaldo histórico a la política estadounidense hacia Teherán y las interceptaciones de droga que vinculan al país con rutas de narcotráfico internacional. La combinación fue suficiente para que Irán elevara el tono de su respuesta diplomática.
La ruptura de relaciones implica el retiro del personal diplomático, la suspensión de acuerdos bilaterales y el cierre de los canales formales de comunicación entre ambos países. En la práctica, los connacionales que requieran asistencia consular deberán acudir a terceros países, y los acuerdos comerciales o académicos vigentes quedan en suspenso.
El episodio reabre el debate sobre el margen de maniobra de la política exterior colombiana frente a las grandes potencias. Mientras algunos sectores respaldan el quiebre como una señal de coherencia con los compromisos internacionales de Colombia en materia de seguridad y derechos humanos, otros lo leen como una pérdida de autonomía frente a Washington.
Por ahora, la Cancillería no ha detallado los siguientes pasos del proceso de ruptura ni los mecanismos de protección para los colombianos que pudieran quedar en Irán. El gobierno de De la Espriella tampoco se ha pronunciado públicamente sobre las acusaciones de Teherán por la cocaína decomisada.
