El Gobierno Nacional expidió una declaratoria de emergencia con el fin de anticipar los efectos del fenómeno de El Niño previsto para el ciclo 2026-2027. Según informó el propio gobierno, la medida tendrá una vigencia inicial de 12 meses, contados a partir de su entrada en vigor.
Con esta declaratoria se busca activar mecanismos extraordinarios para prevenir los impactos del fenómeno climático sobre el territorio colombiano. El objetivo declarado por el Ejecutivo es reducir la vulnerabilidad de las comunidades, los ecosistemas y los sectores productivos expuestos a sequías, desabastecimiento de agua y alteraciones atmosféricas propias de este evento.
El Niño es un fenómeno climático de origen oceánico-atmosférico que se origina en el Pacífico tropical y que, según los ciclos históricos, produce en Colombia alteraciones en los patrones de lluvias, sequías prolongadas en regiones andinas y Caribe, así como incrementos de temperatura. En el pasado, el país ha sufrido emergencias asociadas a este fenómeno, con efectos sobre la agricultura, la generación hidroeléctrica y el acceso a agua potable.
La decisión se inscribe en el marco de la gestión del riesgo de desastres, que en Colombia está regulada por la Ley 1523 de 2012. Esa normativa establece los parámetros para declarar situaciones de desastre o calamidad pública y permite a las autoridades nacionales, departamentales y municipales tomar decisiones extraordinarias, como la destinación de recursos adicionales y la adopción de medidas especiales en sectores sensibles.
Desde el punto de vista social, la población más expuesta es la que habita en zonas rurales con vocación agrícola, así como las comunidades que dependen de acueductos veraneros y de pequeños distritos de riego. En temporadas de El Niño anteriores se han reportado afectaciones en cultivos de pancoger, pérdidas en la ganadería y restricciones en el suministro de agua en municipios donde las fuentes superficiales reducen su caudal.
Para el sector eléctrico, la declaratoria tiene relevancia porque buena parte de la generación de energía del país proviene de plantas hidroeléctricas. Las sequías asociadas a El Niño tienden a reducir los niveles de los embalses y a encarecer el precio de la energía en bolsa, lo cual puede trasladarse a la tarifa que pagan los usuarios residenciales, comerciales e industriales.
En materia ambiental, las entidades del Estado responsables del monitoreo, como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), suelen emitir boletines y alertas tempranas sobre la evolución del fenómeno. La declaratoria facilita la articulación de protocolos con corporaciones autónomas regionales, alcaldías y gobernaciones para ejecutar planes de contingencia, campañas de ahorro de agua y restricciones preventivas.
La medida también tendrá implicaciones fiscales, pues la activación de mecanismos extraordinarios suele estar acompañada de movimientos presupuestales y de la posibilidad de suscribir convenios con entidades territoriales. El Gobierno no ha precisado aún el monto de los recursos destinados, pero anunció que la implementación se coordinará con los ministerios del Interior, Ambiente, Agricultura y Minas y Energía.
Organizaciones gremiales del sector agropecuario y agremiaciones de acueductos comunitarios han solicitado en ocasiones anteriores que las declaratorias vengan acompañadas de líneas de crédito blandas, condonaciones parciales y asistencia técnica directa a los productores afectados. La respuesta del Gobierno a esos pedidos será un indicador clave en las próximas semanas.
Queda pendiente conocer el decreto específico con el alcance detallado de la emergencia, las regiones priorizadas y los indicadores que se usarán para hacer seguimiento. Las autoridades también deberán precisar el protocolo para evaluar, durante los 12 meses de vigencia, si el fenómeno evoluciona según los pronósticos y si la declaratoria debe ampliarse o levantarse antes del plazo inicial.
