El presidente Abelardo de la Espriella aseguró que el Fondo Milagro, el instrumento financiero creado por su Gobierno para reunir y ejecutar los recursos destinados a la reconstrucción, ya está listo para operar. La afirmación responde directamente a la denuncia publicada por la revista Cambio, que señaló que el fondo todavía no estaría en funcionamiento, según reportó El Norte.
El Fondo Milagro fue diseñado como el vehículo principal para administrar los dineros públicos orientados a atender los daños provocados por la emergencia que motivó la declaratoria de desastre. En el esquema original del Gobierno, este fondo debía concentrar las donaciones, las apropiaciones presupuestales y los aportes de cooperación, y traducirlos en obras y proyectos verificables en los territorios afectados.
La revista Cambio advirtió en su investigación que, pese al anuncio oficial de creación, el fondo aún no operaba de manera efectiva, lo que dejaba en el limbo la ejecución de los recursos mientras avanzaban las necesidades en las zonas impactadas. Esa denuncia abrió un debate sobre la diferencia entre la existencia formal del mecanismo y su capacidad real de desembolsar dinero y contratar proyectos.
La respuesta del presidente De la Espriella busca cerrar esa discusión. Al afirmar que el fondo ya está listo, el Mandatario sugiere que se habrían superado los cuellos de botella administrativos, técnicos o fiduciarios que impedían su puesta en marcha. Sin embargo, el pronunciamiento público no detalla en qué consisten esos ajustes ni cuándo se harán los primeros giros.
Para los ciudadanos y los mandatarios locales de las zonas afectadas, la diferencia entre un fondo formalmente constituido y un fondo que efectivamente ejecuta recursos es determinante. De la velocidad con la que el dinero llegue dependen la rehabilitación de vías, la reconstrucción de viviendas, la recuperación de servicios públicos y la atención a las familias damnificadas.
El contraste entre la denuncia de Cambio y la versión del Gobierno deja sobre la mesa una tarea de transparencia: publicar los actos administrativos, los contratos fiduciarios y los reglamentos operativos del fondo. Esa documentación permitiría a la opinión pública y a los organismos de control verificar si el mecanismo, en efecto, ya cuenta con la capacidad de recibir, administrar y girar los recursos anunciados.
La prensa y los veedores ciudadanos han centrado la atención en dos preguntas concretas. Primera, cuánto dinero se ha recogido hasta ahora dentro del Fondo Milagro y de dónde proviene cada peso. Segunda, qué proyectos específicos se financiarán primero y bajo qué criterios de priorización se eligieron. Hasta que esos datos no se hagan públicos, la discusión entre lo que dice el Gobierno y lo que denuncia Cambio seguirá abierta.
Por ahora, la declaración presidencial marca un punto de inflexión en la controversia. Si el fondo entra en operación en los próximos días y se confirman los primeros desembolsos, la denuncia de Cambio quedará como una alerta temprana que aceleró su arranque. Si, por el contrario, la operatividad sigue sin acreditarse, la credibilidad del mecanismo y la del propio Gobierno quedarán en entredicho frente a los damnificados que esperan soluciones concretas.
El próximo paso natural es que el Gobierno presente un reporte oficial con fechas, montos y destinatarios de los recursos del Fondo Milagro. Solo con esa información se podrá pasar de la discusión sobre la existencia del fondo al examen de sus resultados, que es lo que finalmente interesa a las comunidades afectadas.
