El Fondo Milagro, la figura financiera diseñada para canalizar recursos hacia la reconstrucción de las zonas golpeadas por la emergencia, continúa sin operar. CAMBIO Colombia reportó que el Gobierno nacional, encabezado por el presidente Abelardo de la Espriella, no ha hecho la transferencia de los recursos que permitirían poner en marcha los proyectos pendientes. La ausencia del giro mantiene paralizadas obras y compromisos adquiridos con comunidades y autoridades locales.
El Fondo Milagro fue concebido como un instrumento ágil para administrar dineros públicos y privados destinados a la recuperación de infraestructura, vivienda y servicios básicos. Su diseño contemplaba mecanismos de seguimiento y ejecución directa para evitar los retrasos que suelen afectar los procesos de reconstrucción. Sin embargo, sin la transferencia inicial, el fondo permanece en una etapa formal, sin contratos ni intervenciones activas en los territorios.
La emergencia que motivó la creación del fondo dejó daños en viviendas, vías, acueductos y equipamientos públicos en varios municipios. Miles de familias esperan soluciones de vivienda y la rehabilitación de servicios esenciales. Hasta ahora, las soluciones temporales y la atención inmediata han dependido de la respuesta local y de donaciones, mientras los damnificados esperan que se concreten los planes de reconstrucción de largo plazo.
La publicación de CAMBIO Colombia agrega presión política sobre el Ejecutivo. La oposición y los gremios locales han reclamado durante meses un cronograma claro de transferencias y un reporte público sobre el uso de los recursos. El silencio sobre los giros alimenta la percepción de que la reconstrucción avanza más en anuncios que en obras ejecutadas.
En el Gobierno defienden, según han expresado en otras ocasiones, que las transferencias se realizan una vez se cumplen requisitos técnicos y contractuales. No obstante, no se ha informado públicamente sobre el cronograma de giros ni sobre los criterios que están dilatando la operación del fondo. Esa opacidad dificulta que las autoridades territoriales puedan planificar la ejecución de proyectos y contratar personal y materiales a tiempo.
La demora en la operación del Fondo Milagro tiene efectos prácticos sobre la economía de los municipios afectados. Los contratos de obra, la compra de insumos y la contratación de mano de obra local dependen de la llegada del dinero. Sin flujo de caja, los contratistas pequeños y medianos, que suelen ser los ejecutores en zonas rurales, no pueden asumir nuevos compromisos. El resultado es una cadena de retrasos que se transmite a las familias que esperan soluciones concretas.
El episodio reabre la discusión sobre los modelos de manejo de recursos para emergencias en Colombia. Distintos analistas han señalado que los fondos especiales requieren reglas de operación ágiles y rendición de cuentas permanente para funcionar. Cuando esos fondos permanecen inactivos, la desconfianza ciudadana crece y se debilita la respuesta institucional frente a futuros desastres.
Por ahora, las comunidades damnificadas y los mandatarios locales piden al Ministerio de Hacienda y a la Presidencia un pronunciamiento sobre el estado real de las transferencias y un calendario de desembolsos. La expectativa es que el Gobierno explique por qué el fondo sigue sin operar, cuánto tiempo más se mantendrá la paralización y cuándo comenzarán a verse obras en los territorios más afectados. Mientras tanto, el reloj de la reconstrucción sigue corriendo en contra de quienes perdieron su hogar y su sustento.
