El comienzo de la nueva legislatura en el Congreso dejó una primera fractura política entre el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella y uno de los partidos que hizo parte de la coalición que lo acompañó en el camino hacia la Casa de Nariño. Gabriel Vallejo, presidente del Centro Democrático, habló de la elección del presidente del Senado y usó una frase dura: la calificó como “shows que destruyen la democracia”.
La crítica se dio porque la mesa directiva del Senado se definió con los votos del Pacto Histórico, la fuerza política que lideró la oposición durante el gobierno anterior y que ahora se convierte en protagonista del arranque legislativo. El Centro Democrático esperaba que su candidato, Alfredo Deluque, pudiera quedarse con esa dignidad, pero no recibió el respaldo esperado.
Tras la derrota de Deluque, la bancada del Centro Democrático fijó una postura pública de distanciamiento con el presidente electo Abelardo de la Espriella. El mensaje es claro: el partido no se siente representado en la forma como se viene construyendo el bloque de mayorías en el Congreso y prefiere marcar diferencias desde el primer día.
La elección de la mesa directiva del Senado es un termómetro de las alianzas parlamentarias. Quien queda al frente de esa corporación maneja la agenda legislativa, ordena los debates y define la suerte de los proyectos del Ejecutivo. Por eso cada partido pelea con fuerza esa votación, que suele ser la primera gran pulseada entre el gobierno y las bancadas.
En esa lógica, la decisión del Centro Democrático de no respaldar a Deluque, sumada al triunfo del candidato apoyado por el Pacto Histórico, deja al gobierno de Abelardo frente a un Congreso donde tendrá que negociar proyecto por proyecto, sin un bloque automático que le asegure mayorías. La gobernabilidad, por tanto, empieza a discutirse antes de la posesión.
Para la ciudadanía, el efecto inmediato se traduce en incertidumbre sobre la velocidad con la que avanzarán las reformas y los proyectos sociales que el nuevo gobierno prometió en campaña. Cada iniciativa deberá sumar votos de distintas bancadas, y los acuerdos políticos costarán más tiempo y más concesiones.
Desde el uribismo, la lectura es que esa elección abrió un escenario de riesgo institucional. Vallejo sostuvo que el procedimiento dejó más sombras que luces y que la ciudadanía termina perdiendo cuando la política se mueve por calculos de poder y no por acuerdos programáticos. Esa es la línea que el partido quiere sostener en lo que viene.
Por ahora, el Centro Democrático no ha anunciado si romperá de manera definitiva con el gobierno de Abelardo o si se mantendrá como un aliado crítico. Lo concreto es que, tras esta primera votación, las relaciones entre la Casa de Nariño entrante y la bancada uribista quedaron tensionadas, y cualquier nueva negociación se hará sobre la base de esa desconfianza.
