El ministro de Defensa, general retirado Jorge Mora, confirmó que tres de los diez integrantes de una estructura armada abatidos durante un ataque aéreo en Guaviare eran menores de edad. La operación, según informó el alto funcionario, se dirigió contra el grupo criminal encabezado por alias Calarcá.
El departamento de Guaviare, en la región amazónica colombiana, ha sido durante décadas escenario de presencia de organizaciones armadas y de economías ilegales asociadas al narcotráfico. En esa zona convergen rutas de cultivos de uso ilícito, corredores de movilidad para grupos armados y disputas territoriales que sostienen la violencia.
La confirmación de menores de edad dentro de una estructura armada vuelve a poner sobre la mesa una problemática persistente en el conflicto colombiano. Organismos como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y la Defensoría del Pueblo han alertado en reiteradas ocasiones sobre el reclutamiento forzado y la utilización de niños, niñas y adolescentes por parte de grupos armados ilegales.
El derecho internacional humanitario y la legislación colombiana prohíben la vinculación de menores de dieciocho años a las hostilidades. Colombia es Estado parte del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en conflictos armados, lo que compromete al Estado a prevenir el reclutamiento y a proteger a la población infantil.
La operación aérea contra la estructura de alias Calarcá se inscribe dentro de la estrategia de seguridad que el gobierno ha mantenido en zonas afectadas por grupos armados organizados. Las Fuerzas Militares sostienen que este tipo de golpes buscan afectar la cadena de mando y la capacidad de operación de las organizaciones criminales que delinquen en la región.
Desde la sociedad civil y organizaciones de derechos humanos, estos hechos suelen generar llamados a investigar las circunstancias en las que los menores ingresaron a esas estructuras y a reforzar los programas de prevención del reclutamiento. También se cuestiona la rendición de cuentas sobre los protocolos militares empleados durante los operativos.
En términos institucionales, el Ministerio de Defensa y la Fiscalía General de la Nación son las entidades llamadas a esclarecer lo ocurrido en el ataque aéreo, verificar la identidad de los diez muertos y determinar las responsabilidades correspondientes. La presencia de menores entre los fallecidos añade complejidad a las investigaciones por el rigor que exige el principio de protección especial a la infancia.
Para las comunidades del Guaviare, hechos como este reafirman la urgencia de políticas de seguridad con enfoque territorial que combinen la acción militar con presencia estatal integral en salud, educación y protección de la infancia. La población civil de la zona ha padecido históricamente los efectos del conflicto armado y de las economías ilegales que se disputan el territorio.
El gobierno no ha detallado hasta el momento el lugar exacto del operativo ni las condiciones en las que se adelantó el ataque aéreo. Tampoco se conoce un pronunciamiento oficial de alias Calarcá o de la estructura armada afectada tras la confirmación del ministro. La información divulgada por el Ministerio de Defensa marca, por ahora, la posición oficial del Ejecutivo frente al hecho.
