La administración del presidente Abelardo de la Espriella resolvió un asunto pendiente sobre el páramo de Santurbán, según informó Red+ Noticias. La zona, ubicada entre Santander y Norte de Santander, es uno de los ecosistemas de alta montaña más vigilados del país por su papel en la regulación hídrica.
El páramo de Santurbán surte de agua a municipios como Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Pamplona, además de veredas y acueductos comunitarios de la región. Su protección es uno de los debates ambientales más antiguos de Colombia, con pronunciamientos previos de la Corte Constitucional y del Ministerio de Ambiente. La decisión del actual gobierno entra en esa línea de antecedentes.
De acuerdo con el reporte de Red+ Noticias, la determinación adopta un carácter contundente frente al ecosistema, lo que sugiere un giro normativo o administrativo sobre las actividades permitidas en la zona. La fuente no detalla el contenido exacto del acto administrativo, por lo que el alcance preciso depende de la publicación oficial que se conozca en los próximos días.
En la última década, el páramo ha enfrentado tensiones por proyectos de minería, delimitaciones del área protegida y resoluciones del Ministerio de Ambiente. La sentencia T-361 de 2017 de la Corte Constitucional ordenó proteger los páramos del país, lo que después se tradujo en la Ley 1930 de 2018. Cualquier nueva decisión del gobierno debe conciliarse con ese marco.
Para los habitantes de Santander y Norte de Santander, el páramo es la principal fuente de agua potable. Por eso, las decisiones sobre su manejo afectan directamente a cerca de un millón de personas en el área metropolitana de Bucaramanga y a decenas de municipios pequeños que dependen de sus quebradas y ríos.
El sector minero, por su parte, observa con atención lo que resuelva el Ejecutivo. En el pasado, empresas con títulos en la zona han pedido claridad sobre la transición de sus operaciones. Una definición del gobierno sobre el ecosistema puede fijar las reglas de juego para los próximos años.
Organizaciones ambientales y comunidades campesinas de la región también suelen pronunciarse ante cualquier anuncio sobre Santurbán, pues consideran el páramo un símbolo de la defensa del agua en Colombia. Sus reacciones serán una pieza clave para medir la aceptación de la medida.
El gobierno no había detallado, al momento de la publicación, los actos administrativos ni los plazos de transición. Queda pendiente conocer el texto oficial, los mapas de la zona afectada y los mecanismos de seguimiento. La transparencia sobre esos puntos marcará la diferencia entre una decisión efectiva y una promesa sin dientes.
