El ministro de Justicia designado, Iván Cancino, reveló que el gobierno de Abelardo de la Espriella detectó un número inusualmente alto de contrataciones firmadas en una sola sesión al cierre de la administración anterior. Según Cancino, esa concentración de compromisos contractuales encendió las alarmas del equipo entrante.
Ante ese hallazgo, el Ejecutivo solicitó frenar más de 40 contratos que aún no se habían ejecutado. El cálculo preliminar indica que la suspensión representaría un ahorro superior a los 6.000 millones de pesos, una cifra relevante dentro del ajuste fiscal que suele acompañar el arranque de un nuevo período presidencial.
El Ministerio de Justicia es la cartera directamente afectada por la revisión, aunque el alcance de la medida depende del tipo de procesos y entidades involucrados. Los contratos cuestionados habrían sido suscritos en los últimos días de la administración precedente, una práctica que Cancino calificó como anómala por su volumen y por el momento en que se originó.
En Colombia, los cierres de gobierno suelen concentrar un volumen alto de contrataciones directas y de modificaciones presupuestales. La Ley de Garantías y las normas de austeridad del Estatuto General de Contratación establecen controles para evitar que el presupuesto se comprometa sin estudios previos o sin justificación técnica suficiente.
La figura del ministro designado, que asume funciones de transición antes de la posesión formal, permite al nuevo gobierno revisar los actos administrativos en curso. Esa revisión es clave para determinar si los contratos cumplen los requisitos legales o si, por el contrario, deben ser suspendidos, modificados o terminados de manera anticipada.
Para la ciudadanía, el impacto es doble. Por un lado, la suspensión de contratos puede afectar servicios que dependían de esos compromisos, sobre todo en entidades con presencia territorial. Por otro, el ahorro presupuestal, de confirmarse, representa recursos que podrían reorientarse a programas prioritarios en seguridad, justicia o atención a víctimas.
Dentro de los contratos cuestionados aparecen procesos de distinta naturaleza, desde asesorías hasta prestación de servicios en áreas misionales del Ministerio. Aunque el gobierno no ha publicado la lista completa, Cancino aseguró que cada uno de los expedientes será revisado uno por uno antes de tomar una decisión definitiva.
Las reacciones no se hicieron esperar. Sectores que venían trabajando con la administración saliente pidieron claridad sobre el futuro de los convenios en ejecución. Organizaciones de control ciudadano, por su parte, celebraron la decisión y pidieron que el caso se traslade a los organismos de vigilancia para establecer eventuales responsabilidades disciplinarias o fiscales.
El siguiente paso del gobierno será socializar el informe de revisión con la opinión pública y definir cuáles contratos se liquidan, cuáles se ajustan y cuáles continúan. Cancino también anunció que se pedirá acompañamiento de la Contraloría General de la República para evaluar el proceso y descartar irregularidades en la contratación.
La decisión marca el tono de la relación entre el gobierno de Espriella y las entidades que venían operando bajo la administración anterior. Más allá del ahorro, la medida envía una señal sobre el tipo de control que el nuevo Ejecutivo pretende ejercer sobre el gasto público en sus primeros meses.
