El presidente Abelardo De La Espriella dio la orden al Ministerio de Hacienda de iniciar las gestiones ante el Fondo Monetario Internacional. El propósito declarado es obtener respaldo financiero para superar la crisis fiscal que, según el nuevo gobierno, fue heredada de la administración de Gustavo Petro. La información fue publicada por Portafolio.co.
El anuncio marca un giro en la política económica del país. Acudir al FMI implica abrir una negociación formal con un organismo multilateral que suele condicionar sus préstamos a compromisos de ajuste fiscal, disciplina presupuestal y reformas estructurales. La decisión se conoce en las primeras semanas de la nueva administración, lo que sugiere que el equipo económico recién posesionado ya identifica un escenario de caja apretado.
El Ministerio de Hacienda, que será el ejecutor de la orden presidencial, deberá estructurar la solicitud, definir el monto y el tipo de instrumento, y sostener las conversaciones técnicas con el directorio del Fondo en Washington. Hasta ahora, Portafolio no detalla cifras ni plazos. Tampoco se conoce si se tratará de una línea de crédito flexible, un acuerdo stand-by o un programa de servicio extendido.
El gobierno De La Espriella enmarca la decisión en la necesidad de corregir el desequilibrio dejado por la administración anterior. Esa narrativa, sin embargo, suele ser habitual en los inicios de cada mandato en Colombia: cada nuevo equipo suele hablar de la herencia fiscal recibida, y cada administración saliente defiende los resultados de su gestión. El contraste entre ambos discursos quedará sobre la mesa en las próximas semanas, cuando se conozcan los primeros datos oficiales de cierre de las cuentas públicas.
Para la ciudadanía, una negociación con el FMI tiene efectos prácticos. Estos acuerdos suelen venir acompañados de metas de recaudo tributario, contención del gasto público y, en algunos casos, ajustes en subsidios o en la planta de personal del Estado. Aunque el tipo de programa que se negocie determinará el alcance real de esas medidas, la posibilidad de nuevas cargas fiscales ya está en el debate público.
En el frente político, la movida abre una nueva línea de tensión. Sectores que respaldaron la campaña de Petro suelen rechazar las recetas del FMI, mientras que corrientes de centro y de derecha las presentan como señales de ortodoxia económica. El Congreso será escenario clave: cualquier reforma tributaria o ajuste presupuestal que demande el Fondo deberá pasar por el trámite legislativo, donde el gobierno necesitará negociar con las bancadas.
Colombia ya tiene antecedentes de acuerdos con el FMI. El más reciente corresponde a la Línea de Crédito Flexible, un instrumento de carácter preventivo que el país ha utilizado como respaldo ante choques externos. En esta oportunidad, según Portafolio, la motivación sería distinta: atender una crisis fiscal interna y no un episodio de balanza de pagos, lo que abre preguntas sobre el tipo de condiciones que exigirá el organismo.
Quedan pendientes varios puntos sobre los que habrá que esperar información oficial del Ministerio de Hacienda. No se conoce el monto estimado de la solicitud, el calendario de las negociaciones ni los compromisos previos que el gobierno estaría dispuesto a ofrecer. Tampoco se ha pronunciado aún el directorio del FMI, que suele emitir comunicados cuando se concreta una solicitud formal.
