El Gobierno nacional publicó el Decreto 1381, una norma que abre la puerta a que municipios, departamentos y otras entidades territoriales que no sufrieron daños por el sismo de 2026 destinen recursos a proyectos de reconstrucción en las zonas afectadas. La medida fue dada a conocer por el portal Pulzo y busca darle velocidad a la etapa de recuperación, varios meses después de ocurrido el evento.
Hasta ahora, la mayor parte del esfuerzo fiscal para atender la emergencia se había concentrado en las propias regiones damnificadas, con apoyo del presupuesto nacional y de créditos de organismos multilaterales. La nueva disposición amplía el abanico de financiadores: cualquier entidad territorial con capacidad de ejecución puede comprometer parte de su presupuesto o gestionar créditos con destino específico a obras en los municipios impactados, según el extracto de la norma.
En la práctica, el decreto funciona como un esquema de cooperación interterritorial. Alcaldías y gobernaciones con finanzas saneadas pueden asociarse con sus pares golpeados por el terremoto para ejecutar proyectos de vivienda, infraestructura vial, acueducto, salud o educación. La idea, de acuerdo con el texto citado por Pulzo, es reducir los tiempos de contratación y evitar que la reconstrucción dependa exclusivamente de la capacidad instalada de los municipios afectados.
El instrumento también ajusta el marco de los contratos plan y de los convenios interadministrativos, que durante las últimas décadas han sido la vía usual para que dos o más entidades territoriales financien de manera conjunta obras de gran envergadura. Con el Decreto 1381, el Gobierno pretende dar certidumbre jurídica a esos aportes y permitir que lleguen con mayor rapidez a los territorios donde la emergencia golpeó con más fuerza.
Para los habitantes de las zonas impactadas, la consecuencia más visible será la posibilidad de ver obras iniciadas o reactivadas en menos tiempo. En regiones donde el invierno, el cierre de vías y el colapso de servicios públicos han prolongado el sufrimiento de las comunidades, la entrada de recursos frescos puede traducirse en mejoras concretas en conectividad, agua potable y atención en salud.
En el plano institucional, la norma pone a prueba la coordinación entre el nivel nacional y los territorios. Alcaldías de zonas no afectadas tendrán que decidir si redirigen parte de su inversión a proyectos fuera de su jurisdicción, lo que implica un debate presupuestal en concejos y asambleas. Organizaciones de control ciudadano y veedurías estarán atentas al destino final de cada peso asignado.
La reconstrucción tras el sismo de 2026 se había convertido en uno de los temas más sensibles de la agenda pública. Las críticas por la lentitud en la entrega de soluciones habitacionales y la demora en el reestablecimiento de servicios básicos habían escalado en debates legislativos y en medios de comunicación. Con el decreto, el Ejecutivo busca responder a esas presiones con una herramienta de orden nacional.
Quedan varios capítulos por cerrar. Falta conocer el reglamento operativo que precisará qué tipo de proyectos podrán ser cofinanciados, los mecanismos de transferencia y los indicadores de seguimiento. También está pendiente el reporte de qué entidades territoriales han mostrado interés en sumarse a la convocatoria. Pulzo no entregó, en su nota, montos estimados ni un listado de municipios dispuestos a aportar, por lo que el impacto fiscal real de la medida se conocerá en las próximas semanas.
Mientras tanto, las comunidades damnificadas miran con atención la implementación del Decreto 1381. Para muchas familias, la diferencia entre esperar meses o empezar a ver maquinaria trabajando en sus veredas dependerá de cuán rápido se movilicen los recursos de las entidades territoriales que ahora están habilitadas para sumarse a la reconstrucción.
