El presidente Gustavo Petro usó sus redes sociales para responder a las acusaciones que la periodista y exprecandidata presidencial Vicky Dávila lanzó sobre supuestos problemas de alcoholismo y drogadicción al interior del Gobierno. La denuncia había circulado en días previos y genero debate público sobre la conducta de altas figuras del Estado.
En su mensaje, Petro adjuntó un video en el que aparece el exsenador y abogado Abelardo de la Espriella ingiriendo aguardiente en un encuentro social. Con ese material como contraste, el presidente buscó desvirtuar los señalamientos que lo vinculan con fiestas y consumo de sustancias durante su mandato.
Petro fue directo en su declaración y afirmó que nunca realizó una sola fiesta en la Casa de Nariño. La frase se convirtió en el eje central de su defensa y resonó en las plataformas digitales, donde el video compartido acumula republicaciones de usuarios de distintas tendencias políticas.
El cruce de mensajes entre Dávila y el presidente ocurre en un contexto de tensión entre el Gobierno y algunos sectores de opinión. Dávila, una de las voces más críticas de la actual administración, sostiene desde hace semanas que en círculos cercanos al Ejecutivo existirían episodios de consumo problemático de alcohol y drogas, señalamientos que el círculo presidencial rechaza de plano.
Aunque no es la primera vez que el presidente enfrenta denuncias de este tipo, la estrategia comunicativa de responder con un video de un contradictor político resulta atípica. Petro suele contestar las acusaciones con comunicados oficiales o intervenciones públicas; en esta ocasión eligió una grabación de terceros para reforzar su punto.
La utilización de imágenes de Abelardo de la Espriella, figura conocida por su activismo político y sus cuestionamientos al Gobierno, introduce un elemento adicional: la confrontación directa entre dos bandos que suelen chocar en el debate nacional. La grabación muestra a De la Espriella en una reunión informal, lo que el presidente tomó como ejemplo para deslindarse de las fiestas que le atribuye Dávila.
El episodio deja varias preguntas abiertas. Ni Dávila ni el Gobierno han presentado pruebas documentales sobre las denuncias originales, más allá de declaraciones públicas. La opinión queda a la espera de que alguno de los dos entregue soportes que respalden o desmientan las afirmaciones realizadas en medios y redes sociales.
Por ahora, la discusión se mantiene en el terreno de las declaraciones cruzadas, sin intervención de órganos de control ni investigaciones formales en curso. El impacto inmediato se mide en el debate digital y en la atención de medios, donde el video del exsenador se viralizó en cuestión de horas tras la publicación del presidente.
