El presidente del Concejo de Bogotá dirigió una carta al presidente electo Abelardo de la Espriella y al alcalde Carlos Fernando Galán con un pedido puntual: instalar mesas de trabajo que permitan definir cuánto pondrá la Nación en la tercera línea del metro. La misiva fue divulgada por el portal Infobae.
En el documento, el cabildante sostiene que la administración de Gustavo Petro saliente dejará a Bogotá sin recursos para ese proyecto. Esa advertencia es el eje del reclamo: sin una contrapartida clara del Gobierno nacional, la ciudad quedaría sin margen financiero para avanzar en la nueva línea que conectará otros sectores de la capital.
La obra de la tercera línea del metro es una de las apuestas de infraestructura más ambiciosas de la ciudad en la última década. Su propósito es ampliar la cobertura del sistema masivo hacia zonas que hoy dependen de buses y rutas alimentadoras, lo que implica cambios en la movilidad cotidiana de millones de bogotanos.
El proyecto depende de un esquema de cofinanciación entre la Nación, el distrito y, eventualmente, fuentes multilaterales. En proyectos de esta magnitud, los compromisos presupuestales se pactan por vigencias futuras, lo que obliga a fijar reglas claras antes del cierre del año fiscal o del arranque del nuevo gobierno.
Por eso, la solicitud del Concejo apunta a que las decisiones no se sigan aplazando. El cabildante habló de recuperar el tiempo perdido, una expresión que pone el foco en los retrasos acumulados en estudios, diseños y acuerdos financieros durante los últimos meses.
La carta llega en un momento de transición. El presidente electo Abelardo de la Espriella ultima su gabinete y su plan de gobierno, mientras la Alcaldía de Galán busca cerrar proyectos vigentes antes de que termine el actual periodo distrital. La articulación entre ambos niveles será determinante para destrabar el expediente.
En términos prácticos, una mesa de trabajo entre la Presidencia, el Ministerio de Hacienda y la Alcaldía permitiría fijar topes, cronogramas y fuentes. También abriría espacio para discutir si el aporte nacional se hará vía presupuesto general, vigencias futuras o crédito con garantía soberana.
Para los ciudadanos, el desenlace de esta negociación se traduce en algo concreto: saber si la tercera línea avanza, se posterga o cambia de alcance. Cada año de retraso encarece la obra y desplaza el beneficio de un sistema ampliado hacia generaciones futuras de usuarios.
Por ahora, el llamado del Concejo queda sobre la mesa. Quedan por verse dos movimientos clave: la respuesta formal del presidente electo y la posición que adopten los ministerios de Hacienda y Transporte una vez se posesione el nuevo gabinete.
