Según publicó el diario Ámbito, el Ejecutivo colombiano, encabezado por Gustavo Petro, le prohibió al mandatario electo Abelardo de la Espriella llevar adelante su idea de asumir la presidencia en una base militar. La vocería del gobierno sostuvo que la Constitución Nacional fija el lugar del acto protocolario.
El argumento oficial apunta al texto constitucional, que establece que la ceremonia de transmisión del mando presidencial se realiza en el Congreso de la República. En la práctica, esa sede funciona como punto neurálgico del protocolo, con presencia de los poderes públicos, invitados internacionales y los expresidentes que asisten a la transmisión del cargo.
La decisión choca con la intención que había expresado el entorno de De la Espriella de darle a la posesión un escenario distinto al Capitolio Nacional. Las bases militares suelen asociarse con actos de gobierno vinculados a la seguridad y la defensa, pero el marco vigente reserva ese tipo de ceremonias al recinto legislativo.
El episodio se inscribe en una transición que ya había mostrado cruces entre el saliente y el equipo del presidente electo. Las diferencias sobre el lugar de la posesión se suman a otros puntos de fricción que se han conocido en las últimas semanas, en un contexto donde ambas administraciones intentan coordinar el empalme de las distintas carteras.
Para los ciudadanos, la discusión no es menor: la transmisión del mando es un acto central de la vida institucional del país. Allí se formaliza ante la Nación y ante los otros poderes del Estado la continuidad del orden democrático, lo que hace que cualquier cambio de formato tenga un peso simbólico relevante.
Desde el punto de vista del protocolo histórico, Colombia ha celebrado sus transmisiones presidenciales en el Capitolio Nacional desde el siglo XIX, con variaciones menores según el contexto. El lugar funciona como escenario de juramento, intervención del presidente saliente y discurso del presidente entrante ante el Congreso en pleno.
La decisión del gobierno de Petro se conoció cuando falta poco para el 7 de agosto de 2026, fecha prevista para la posesión del nuevo jefe de Estado según el calendario que fija el periodo constitucional. Hasta ahora no se ha informado de un recurso legal formal del equipo de De la Espriella frente al cambio de escenario.
En la práctica, el Ejecutivo optó por un argumento de orden constitucional para resolver la discrepancia. Esa vía deja la cuestión en el terreno del derecho y aleja la decisión de cualquier negociación política de último momento sobre el formato de la ceremonia.
Queda por ver si el equipo del presidente electo acepta la sede del Congreso, si eleva una solicitud formal para mantener la base militar o si plantea un escenario alternativo. Por ahora, el calendario oficial de la transición sigue corriendo y la transmisión del mando permanece como el hito central de las próximas semanas.
