El presidente Gustavo Petro respondió este viernes a los señalamientos del vicepresidente de Abelardo de la Espriella, quien había asegurado que su gestión deja una “destrucción institucional profunda”. En un mensaje público, el mandatario saliente defendió lo realizado durante su gobierno y rechazó el diagnóstico de su sucesor.
Petro convocó a sus simpatizantes a marchar el 20 de julio, Día de la Independencia, en el sur de Bogotá. La citación se dio en el mismo escenario de la alocución en la que respondió a las críticas del nuevo gobierno, en una jornada que combinó defensa de gestión y llamado a la movilización.
Uno de los puntos centrales de la respuesta fue la denuncia sobre el resultado electoral. Petro acusó a “los hermanos Bautista” de haber manipulado el conteo de votos desde un servidor ubicado en Los Ángeles. La afirmación implica que el proceso habría tenido alteraciones fuera del territorio colombiano, según la versión del presidente saliente.
La declaración sobre el servidor en Los Ángeles reabre el debate sobre la transparencia del sistema de conteo y la auditoría electoral. En pasados procesos, distintos sectores habían pedido reforzar los mecanismos de verificación, en medio de cuestionamientos a la capacidad del conteo rápido y del software utilizado por la Registraduría.
Desde el lado del gobierno entrante, el vicepresidente de De la Espriella había sostenido que el país recibía un aparato estatal debilitado por la administración saliente. Según esa lectura, las entidades, los ministerios y los programas habrían perdido músculo técnico y capacidad de gestión durante los últimos años.
La respuesta de Petro apuntó a un diagnóstico distinto. El presidente aseguró que “encontré un pueblo lleno de hambre”, una frase que buscó reubicar la conversación en las condiciones sociales que, a su juicio, definieron el punto de partida de su gobierno. Con esa idea, intentó neutralizar el argumento de la destrucción institucional.
La movilización del Día de la Independencia llega en un momento sensible del calendario político. Es la antesala de la transmisión de mando, prevista para el 7 de agosto, y se produce en medio de la transición entre el equipo de Petro y el gabinete que prepara Abelardo de la Espriella.
Las reacciones no se hicieron esperar. Sectores del oficialismo saliente salieron en defensa de los resultados sociales de los últimos años, mientras que aliados del gobierno entrante pidieron que las denuncias sobre el sistema electoral se tramiten por los canales judiciales y técnicos, no en discursos públicos.
Quedan varios asuntos por resolver en el corto plazo. El nuevo gobierno deberá asumir el mando con el debate abierto sobre el estado real de las instituciones. Al mismo tiempo, las acusaciones de Petro sobre la manipulación del conteo abren la puerta a que la opinión pública y los organismos de control exijan explicaciones sobre el funcionamiento del sistema electoral.
