Ricardo Valencia, quien se desempeñaba como director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), rompió el silencio tras su declaratoria de insubsistencia por parte del gobierno de Abelardo de la Espriella. El economista relató que la notificación le llegó el lunes 14 de septiembre a las 3:00 p. m., en su propio despacho, de manos de la secretaria general encargada de la entidad.
Según el testimonio recogido por Infobae, Valencia estaba en su oficina cuando la funcionaria le comunicó la decisión y le mostró en su teléfono el decreto que formalizaba su desvinculación. El exdirector sostuvo que hasta ese momento no había recibido ningún tipo de aviso, ni formal ni informal, sobre su salida del cargo.
Una de las frases centrales del exdirector fue que no tuvo comunicación directa del presidente Abelardo de la Espriella. Esa ausencia de interlocución con el jefe de Estado es, para Valencia, el hecho más llamativo de la manera como se produjo su retiro, más allá del decreto mismo que dio por terminado su vínculo con la entidad.
El Dane es la entidad oficial responsable de producir las estadísticas oficiales del país, desde indicadores económicos como el PIB y la inflación hasta cifras de empleo, pobreza y demografía. Por esa función, la dirección del organismo suele estar rodeada de exigencias técnicas y de un cuidado especial por la continuidad de los procesos estadísticos, dado que muchos indicadores son insumos para decisiones de política pública y para el sector financiero.
La declaratoria de insubsistencia es una facultad del gobierno para separar del cargo a funcionarios de libre nombramiento y remoción. En el caso de los directores de entidades como el Dane, esa potestad recae en el presidente de la República. Lo que el relato de Valencia pone sobre la mesa no es la legalidad del mecanismo, sino la forma y el momento en que se le notificó.
Para los servidores públicos de libre nombramiento y remoción, la manera de comunicar una salida del cargo suele incluir reuniones previas, llamados de atención formales o comunicaciones oficiales. La versión de Valencia apunta a que ese proceso no ocurrió en este caso, lo que abre un debate sobre los protocolos seguidos al interior de la administración.
En la esfera pública, la dirección del Dane es un cargo sensible por el peso de las cifras que produce. Cualquier cambio en la cabeza de la entidad suele generar expectativa sobre la continuidad de las metodologías, los calendarios de publicación y la independencia técnica del organismo, aspectos que interesan a analistas, mercados y a la academia.
La salida de Valencia ocurre en los primeros meses del gobierno de Abelardo de la Espriella, un período en el que las designaciones y reemplazos en entidades clave suelen ser objeto de seguimiento por parte de la opinión pública y de los medios. El exdirector habló después de que el decreto ya estaba firmado y publicado, lo que significa que la decisión es un hecho consumado.
Queda pendiente la respuesta oficial del gobierno sobre los motivos de la insubsistencia y sobre la forma como se notificó al exdirector. También se conocerá quién asumirá la dirección del Dane de manera inmediata y cómo se garantiza la continuidad de las operaciones estadísticas mientras se define el reemplazo definitivo.
