Miguel Gómez, recién designado como ministro de Hacienda por el presidente Abelardo De la Espriella, habló con medios en Barranquilla sobre la propuesta tributaria que el gobierno saliente de Gustavo Petro busca radicar en el Congreso. Su declaración fue breve y ocurrió en la antesala del primer consejo de ministros de la nueva administración.
La frase que concentró la atención fue una crítica directa al momento elegido para presentar la iniciativa. Hacer una gran parranda y después pasarle la cuenta a los colombianos no es ético, dijo el funcionario, en referencia a la costumbre coloquial de gastar primero y cobrar después.
Con esas palabras, Gómez señaló que una reforma de ese tipo, en las semanas finales de una administración, trasladaría el costo a un gobierno que apenas empieza y a los contribuyentes que enfrentarían la factura. El ministro no entregó detalles técnicos de la iniciativa en su intervención.
El Ministerio de Hacienda es la cartera encargada de formular y sostener la política fiscal del país. Entre sus funciones está preparar el proyecto de presupuesto nacional, hacer seguimiento a los ingresos tributarios y presentar al Congreso las reformas que ajusten los impuestos o los gastos del Estado. Por eso el pronunciamiento del nuevo titular tiene peso político en el arranque del gobierno.
La figura de la reforma tributaria ha marcado los últimos años de la economía colombiana. Cada gobierno ha recurrido a ella para ajustar el recaudo, financiar programas sociales o cerrar brechas fiscales. Radicarla en los últimos meses de un mandato, en cambio, es un gesto poco habitual, porque el Congreso que la recibiría sería el mismo que ya conoce el cierre de ese periodo de gobierno.
La declaración deja ver una línea clara del nuevo equipo económico: no avalar decisiones fiscales con efectos en el presupuesto del periodo siguiente sin debate amplio. Esa posición marca la distancia con la administración Petro, que en el arranque de 2025 también impulsó una tributaria que enfrentó duros debates en el Legislativo.
Para los ciudadanos, el trasfondo es directo. Las reformas tributarias terminan tocando el bolsillo: definen qué pagan personas y empresas, qué incentivos existen y cómo se financian la salud, la educación y la inversión pública. Por eso los mensajes del nuevo ministro sobre el tema generan expectativa en sectores productivos y en hogares de ingresos medios, los más sensibles a cambios en el impuesto de renta o en el IVA.
El pronunciamiento se produjo en Barranquilla, una de las plazas donde el nuevo gobierno ha sostenido reuniones preparatorias antes del consejo de ministros. Ese tipo de encuentros sirven para alinear a los nuevos ministros en los temas que marcarán los primeros meses de gestión.
Quedan varias tareas pendientes sobre la mesa. Una es saber si el gobierno Petro insiste en radicar la reforma en estas semanas y cómo reaccionará el Congreso. Otra, si el equipo de De la Espriella presentará su propia propuesta fiscal, algo usual al inicio de cada administración, y bajo qué principios la construirá.
