El Gobierno nacional radicó ante el Congreso de la República el proyecto de Presupuesto General de la Nación (PGN) correspondiente a la vigencia 2026. El monto total asciende a $634,9 billones, una cifra que, según el reporte de Colombia.com, supera en $59 billones el último presupuesto aprobado durante la administración de Gustavo Petro.
El PGN es la herramienta mediante la cual el Ejecutivo fija los ingresos y gastos del Estado para una vigencia fiscal. En él se detallan las partidas que financian sectores como salud, educación, defensa, pensiones, infraestructura y funcionamiento de las entidades públicas. Por su tamaño, suele ser uno de los proyectos más discutidos del calendario legislativo.
El crecimiento nominal entre presupuestos sucesivos responde a varios factores. La inflación acumulada, los compromisos de deuda, el incremento en el servicio de la seguridad social y los recursos destinados a programas de inversión explican buena parte del aumento. Comparar la cifra nueva con la del año anterior da una idea del esfuerzo fiscal, aunque el contraste en términos reales exige descontar la inflación del período.
La presentación del proyecto marca el inicio del trámite en el Legislativo. El texto pasa a estudio de las comisiones económicas y de Hacienda, que convocan audiencias y mesas técnicas con ministerios y entidades ejecutoras. El Congreso debe aprobarlo, modificarlo o rechazarlo antes del cierre de la siguiente legislatura ordinaria para que entre en vigencia el primero de enero del año fiscal correspondiente.
Para los ciudadanos, el presupuesto traduce en compromisos concretos: cuántos recursos se asignan a los hospitales públicos, a la educación escolar y superior, a las Fuerzas Armadas y a los programas sociales. Sectores como el de pensiones, el sistema de salud y los giros a regiones dependen directamente de las apropiaciones contenidas en ese documento.
Desde el punto de vista macroeconómico, el PGN es una señal sobre las prioridades del nuevo gobierno y sobre el tamaño que tendrá el gasto público frente al producto interno bruto. Analistas suelen revisar tres componentes: el monto total, el déficit fiscal proyectado y la composición del gasto entre funcionamiento, inversión y servicio de la deuda.
El medio citado tituló su nota con la pregunta ¿Hay plata bajo el colchón?, una frase que alude a la discusión sobre qué tan ajustados están los ingresos frente a los compromisos de gasto. La aprobación del presupuesto se dará en un contexto de revisión de las cuentas fiscales nacionales, donde convergen las metas de la regla fiscal, los ingresos tributarios esperados y la presión de distintas bancadas por reasignar recursos.
Quedan pendientes varias etapas del trámite: debates en comisiones, ponencia para primer debate, discusión en plenarias de Cámara y Senado, conciliación de textos y sanción presidencial. En ese recorrido, los rubros sectoriales pueden ajustarse mediante proposiciones, aunque el monto global suele mantenerse dentro del marco fijado por el Ministerio de Hacienda.
