Según un análisis publicado por EL PAÍS, la campaña de Abelardo de la Espriella superó a la de Iván Cepeda en la disputa por la atención en plataformas digitales durante el proceso electoral colombiano. El medio atribuye el resultado a una estrategia centrada en mensajes cortos, piezas emotivas y producción constante de contenido para redes.
El reporte señala que el equipo del candidato recurrió de forma sistemática a creadores de contenido y divulgadores digitales para amplificar sus mensajes y atacar a sus rivales. Esta red de influenciadores funcionó como un canal paralelo al de los medios tradicionales, lo que permitió alcanzar audiencias específicas con un lenguaje cercano y directo.
Otro de los elementos destacados por EL PAÍS es el uso de videos cortos y de materiales generados o apoyados con herramientas de inteligencia artificial. Ese tipo de piezas facilita la viralización en plataformas como TikTok, Instagram y X, donde los formatos breves y de alto impacto visual tienden a conseguir mayor interacción que los videos extensos o los textos largos.
De la Espriella es un abogado y empresario que llegó a la segunda vuelta como candidato de un sector de la derecha colombiana. Su campaña construyó un discurso centrado en la seguridad, la economía y la crítica al gobierno de turno, temas que conectaron con un segmento del electorado inconforme con las políticas de las últimas décadas.
Por su parte, Iván Cepeda, senador y figura del Pacto Histórico, representó en esta segunda vuelta la continuidad del proyecto político de izquierda que gobernó al país en los últimos años. Su campaña contó con el respaldo de estructuras partidistas y de una militancia activa, pero, según el análisis de EL PAÍS, su despliegue digital fue más lento y menos adaptado al lenguaje de las redes.
El contraste entre ambas campañas refleja un fenómeno más amplio: la profesionalización de la comunicación política en América Latina, donde la frontera entre propaganda, periodismo y entretenimiento se vuelve cada vez más difusa. Las campañas electorales destinan hoy buena parte de sus recursos a equipos de marketing digital, analistas de datos y producción audiovisual.
Para la ciudadanía, la consolidación de estas estrategias implica que la información que recibe sobre los candidatos pasa, en gran medida, por intermediarios digitales con intereses comerciales o políticos. Esto obliga a los votantes a verificar fuentes, contrastar datos y leer los mensajes con un nivel mayor de atención que en ciclos electorales anteriores.
El hecho de que la inteligencia artificial haya aparecido como herramienta de campaña abre también un debate sobre transparencia y regulación. Aunque en Colombia existen normas sobre publicidad electoral, la velocidad con que evolucionan las tecnologías suele superar la capacidad de respuesta de los organismos de control.
De cara al futuro, queda la pregunta de cómo se regulará el uso de influenciadores, deepfakes y contenidos automatizados en las próximas contiendas. La experiencia de esta campaña, según EL PAÍS, sugiere que la batalla digital será determinante en cualquier elección presidencial en Colombia, sin importar el signo político de los candidatos.
