La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, aseguró que el próximo vínculo con Colombia estará guiado por un criterio institucional. El pronunciamiento lo hizo al referirse al inicio del gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, según reportó Infobae.
La mandataria peruana calificó como “cuatro años perdidos” el ciclo reciente de relaciones entre Lima y Bogotá. Con esa frase buscó marcar un punto de inflexión y separar el pasado diplomático reciente de la etapa que se abre con la nueva administración colombiana.
Fujimori sostuvo que la relación bilateral se conducirá ahora con base en criterios institucionales, no personales ni coyunturales. Ese anuncio implica, en la práctica, un intento por reencauzar la diplomacia entre los dos países luego de un período que ella misma describió como de alejamiento.
Perú y Colombia comparten más de dos mil kilómetros de frontera en la cuenca amazónica y mantienen vínculos comerciales, migratorios y de seguridad. La densidad de esa frontera hace que cualquier giro en la relación tenga efectos directos en regiones como Amazonas, Putumayo y Loreto, donde ambos Estados ejercen presencia.
La expresión “cuatro años perdidos” sugiere que la presidenta peruana evalúa el tramo anterior como un período de débil cooperación bilateral. Aunque no entró en detalles sobre los motivos, el señalamiento apunta a una distancia que, según su lectura, habría debilitado la coordinación en temas sensibles como migración, comercio fronterizo y seguridad.
Al poner el acento en lo institucional, Fujimori apuntó a despersonalizar la relación y a darle previsibilidad. Esa fórmula suele usarse cuando un gobierno busca reconstruir confianza tras episodios de fricción o cuando el canal político directo se debilitó, y se pretende volver a mecanismos técnicos y de cancillerías.
El gobierno de Abelardo de la Espriella, que acaba de iniciar su mandato, recibe así una señal temprana desde Lima. Para la administración colombiana resulta relevante porque define el tono inicial con un país vecino con el que comparte frontera, flujos comerciales y una agenda común en organismos andinos.
Queda por verse cómo se traducen esas declaraciones en acciones concretas. Los siguientes pasos observables serán el nombramiento de embajadores, los primeros contactos entre las cancillerías y la eventual realización de un encuentro bilateral de alto nivel que permita medir el alcance real del reencauñamiento anunciado.
Por ahora, el mensaje central desde Lima es que el vínculo con Bogotá deja atrás la etapa de los “cuatro años perdidos” y se reencuadra en clave institucional, con la expectativa de que esa guía se mantenga a lo largo del gobierno entrante en Colombia.
