La Silla Vacía publicó un análisis sobre el papel que jugó la campaña digital en el ascenso de Abelardo de la Espriella a la presidencia de Colombia. El medio sostiene que, en una elección que se caracterizó por la ausencia de debate, el resultado se definió en buena parte por la forma en que el entonces candidato entendió las emociones del electorado y la manera en que esas emociones se movieron en el entorno digital.
El artículo parte de una idea central: las elecciones se ganaron en las pantallas. No hubo grandes intercambios públicos entre los candidatos ni una confrontación abierta de propuestas. En ese vacío, la estrategia en redes y plataformas digitales se convirtió en el principal escenario donde se construyó la conversación política y donde se definió, según el análisis, la percepción que los votantes terminaron llevando a las urnas.
La Silla Vacía señala que De la Espriella leyó con acierto cómo se comporta el electorado colombiano, un electorado fragmentado, con niveles altos de desconfianza hacia las instituciones tradicionales y muy expuesto a contenidos que circulan por redes sociales. Esa lectura, afirma el medio, le permitió diseñar mensajes capaces de movilizar no solo a sus simpatizantes, sino también a votantes indecisos e incluso a detractores que, aun sin estar convencidos, terminaron sumando en el resultado final.
El análisis también aborda el rol de las emociones en la campaña. En un proceso sin debate, los argumentos técnicos pierden peso frente a relatos cortos, imágenes de fácil difusión y mensajes que apelan a sentimientos compartidos. De la Espriella, según La Silla Vacía, logró conectar con esas emociones y traducirlas en votos, en un contexto donde la discusión pública sobre los proyectos de país fue escasa.
Para los ciudadanos, el análisis abre una pregunta sobre cómo se informa la sociedad colombiana. Si la campaña se decide en el terreno digital, el tipo de contenido que circula en redes, los algoritmos que lo distribuyen y la capacidad de cada votante para verificar lo que recibe terminan influyendo tanto como las propuestas formales de un candidato. Esto pone en primer plano el debate sobre la calidad de la conversación política en el país.
La lectura de La Silla Vacía también tiene implicaciones para los demás partidos y movimientos. En la próxima disputa electoral, quienes aspiren a competir por la presidencia tendrán que considerar que la comunicación digital dejó de ser un complemento de la campaña para convertirse en su eje principal. Los equipos de consultoría política, las redes de influenciadores y la producción constante de contenido pesan hoy tanto como la presencia en plazas públicas o medios tradicionales.
El medio recuerda que, a pesar del peso del factor digital, el resultado no se puede desligar de la crisis de representación que atraviesan las fuerzas políticas tradicionales. El electorado premió a quien mejor entendió su malestar, no necesariamente a quien presentó el programa más detallado. Esa distinción, advierte el análisis, marca un punto de partida para entender qué tipo de liderazgo esperan los colombianos de su nuevo presidente.
Quedan varios temas por evaluar en los próximos meses. Falta ver cómo traduce De la Espriella, ya como jefe de Estado, el capital político que construyó en redes en políticas públicas concretas. También se observará si mantiene el mismo tono de campaña o si adopta un estilo distinto frente a las instituciones, los medios y la oposición. Y, sobre todo, si la comunicación digital sigue siendo su principal herramienta de gobierno o si da paso a una interlocución más amplia con la sociedad.
La Silla Vacía no emite un juicio sobre si el método fue positivo o negativo para la democracia. Lo que plantea es un hecho verificable: en esta elección, la campaña digital fue la que puso a Abelardo de la Espriella en la presidencia de Colombia. Esa constatación obliga a discutir, con datos y con seriedad, qué significa para el sistema político del país que un triunfo presidencial se construya, sobre todo, en el mundo de las pantallas.
