El sector cultural de Colombia se volcó a las calles. Alrededor de un centenar de artistas, gestores y trabajadores marcharon para rechazar la propuesta de recorte al presupuesto del Ministerio de Cultura, según reportó el diario La Patria. La convocatoria reunió a representantes de distintas disciplinas que temen por el futuro de la financiación pública a la cultura.
La protesta se dirige directamente contra el plan económico del gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, que contempla una disminución de los recursos asignados a esa cartera. Los manifestantes consideran que un recorte de esa naturaleza pondría en riesgo programas de fomento, estímulos y convocatorias que sostienen a creadores, agrupaciones y procesos artísticos en regiones apartadas, donde el presupuesto nacional suele ser la principal fuente de financiamiento.
El Ministerio de Cultura es la entidad encargada de diseñar y ejecutar políticas para la protección del patrimonio, la promoción de las artes y el apoyo a la economía naranja. En el último gobierno también ejerció un papel central en la implementación de la Ley de Espectáculos Públicos y en la coordinación con entidades territoriales para la descentralización de la oferta cultural. Cualquier ajuste a su presupuesto, señalan los gremios, se traduce en menos proyectos viables y en el debilitamiento de la infraestructura cultural.
Los marchantes también alertan sobre el efecto en el empleo. El sector cultural colombiano concentra a miles de trabajadores formales e informales: músicos, actores, artesanos, escritores, productores audiovisuales, técnicos de teatro y gestores comunitarios, entre otros. Una reducción presupuestal limitaría los estímulos y contratos que permiten la circulación de obras y la permanencia de estos profesionales en sus disciplinas.
La jornada de protesta se suma a una serie de reacciones que han expresado distintos sectores ante el paquete de ajustes propuesto por el Ejecutivo. Sectores sociales, académicos y gremiales han cuestionado la priorización del gasto y han pedido que el Gobierno explique los criterios con los que se definieron los recortes por ministerios. La cultura, señalan los convocantes, aporta cerca del 3 % del producto interno bruto cuando se mide de manera ampliada, y sostienen que invertir en ella no es un gasto suntuario sino un motor de desarrollo.
Desde el Ministerio de Hacienda, que es la cartera que consolida el proyecto de presupuesto, no se ha informado de manera detallada cómo se compensarían los efectos del recorte. El Ministerio de Cultura, por su parte, tampoco se ha pronunciado de forma pública sobre las alternativas que tendría para mantener su oferta de programas en caso de que la propuesta prospere en el Congreso.
El trámite ahora pasa al Legislativo. El Congreso de la República deberá estudiar el proyecto de ley de presupuesto, modificarlo o aprobarlo. Los manifestantes pidieron a los senadores y representantes que escuchen al sector y que, si es necesario, restituyan las partidas afectadas. También hicieron un llamado al presidente De la Espriella para que convoque una mesa de diálogo con artistas y gestores antes de que la discusión presupuestal avance.
Mientras tanto, el sector cultural anunció que mantendrá la presión con nuevas jornadas de movilización y con campañas en redes sociales. La idea, dicen los organizadores, es visibilizar el aporte de la cultura a la identidad nacional y demostrar que el recorte no es un asunto menor, sino una decisión con efectos directos sobre la vida de miles de familias que dependen de la actividad artística para su sustento.
Queda por verse si el gobierno abrirá espacios de concertación o si el Congreso introducirá cambios al proyecto original. Lo que ya quedó claro es que el recorte al Ministerio de Cultura dejó de ser un asunto técnico de cifras y se convirtió en un debate público con protagonistas en la calle.
