Según publicó EL PAÍS, distintos sectores de la oposición de izquierda anunciaron formalmente que no estarán presentes en la ceremonia de posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia. La decisión fue comunicada antes del acto protocolario previsto en la Plaza de Bolívar de Bogotá.
Con esta posición, los movimientos opositores se desligan del símbolo central de la transmisión del poder presidencial. En Colombia, la posesión presidencial es un acto oficial encabezado por el Congreso de la República, en el que el nuevo jefe de Estado asume sus funciones ante la nación.
La ceremonia reúne tradicionalmente a los expresidentes, los miembros de las altas cortes, los congresistas, los gobernadores, los alcaldes y los cuerpos diplomáticos acreditados en el país. Por eso, la ausencia organizada de un sector político le da un peso institucional distinto al de una simple protesta individual.
La decisión opositora llega tras una campaña electoral marcada por la polarización entre las fuerzas de derecha que apoyaron a De la Espriella y los bloques alternativos que impulsaron otras candidaturas. Sectores de la izquierda habían cuestionado durante la campaña el rumbo económico y de seguridad propuesto por el presidente electo.
Para los ciudadanos, el dato es relevante porque la posesión marca el inicio formal de un nuevo periodo constitucional. A partir de ese momento, el nuevo gobierno tiene cuatro años para ejecutar su programa y responde ante el Congreso y la opinión pública por los resultados de su gestión.
En lo inmediato, la ausencia de la oposición no impide la toma de juramento ni la validez del nuevo mandato. El acto se realiza con quórum presidencial y ante los testigos que sí asistan, sin que la Constitución prevea la asistencia obligatoria de los excandidatos ni de los partidos derrotados.
Sin embargo, el gesto abre una etapa de relaciones tensas entre el Ejecutivo y los movimientos que se declaran en oposición. Esa dinámica puede traducirse en mayores debates en el Congreso, en llamados a la movilización social y en campañas de denuncia pública sobre las decisiones del nuevo gobierno.
Queda por verse si otros sectores políticos, académicos o sociales se suman a la decisión o si, por el contrario, mantienen presencia en la ceremonia como muestra de respeto institucional. También se observará el tono del primer discurso presidencial, que suele fijar la hoja de ruta política del nuevo periodo.
