La representante a la Cámara Lalis, del Pacto Histórico, aseguró en declaraciones recogidas por Infobae que su bancada apoyó a Honorio Henríquez para ocupar la Presidencia del Senado con un objetivo claro: defender la autonomía del Congreso de la República. Según la congresista, no se trató de una alianza estratégica con otros sectores, sino de una respuesta directa a lo que ella misma calificó como una “jugadita” del presidente Abelardo de la Espriella.
En sus declaraciones, Lalis fue enfática al señalar que del apoyo a Henríquez “no nació ningún petrouribismo”, expresión que en el debate político colombiano alude a una eventual coordinación entre sectores cercanos al petrismo y corrientes uribistas. La congresista buscó así desmontar cualquier lectura de pacto entre bancadas opuestas y enmarcó la decisión como un acto de independencia legislativa.
La versión entregada por la representante agrega un elemento de tensión entre el Gobierno nacional y el Congreso en el arranque del periodo de sesiones. El Ejecutivo, encabezado por el presidente De la Espriella, habría promovido, según la congresista, un movimiento político para configurar la mesa directiva del Senado, lo que habría motivado la reacción del Pacto Histórico.
Honorio Henríquez, senador por el Partido Liberal y figura con trayectoria en el Capitolio, es recordado por haber ocupado la presidencia del Senado en legislaturas anteriores. Su regreso a ese cargo, tras el respaldo del Pacto Histórico, se produce en un contexto de fragmentación política, donde varias bancadas calculan su participación en las mesas directivas de Senado y Cámara como parte de acuerdos legislativos de largo plazo.
El concepto de autonomía del Congreso, invocado por Lalis, hace referencia a la facultad que tienen las cámaras legislativas para definir su propia dirección sin presiones del Ejecutivo. En la práctica, esa autonomía se expresa en la elección de las mesas directivas, en la organización interna de las comisiones y en el orden del día de las sesiones plenarias.
Desde el punto de vista ciudadano, la pelea por la Presidencia del Senado tiene efectos directos en la agenda legislativa. La mesa directiva define qué proyectos se priorizan, cuáles se archivan y cómo se tramitan las iniciativas del Gobierno. Por eso, movimientos como los denunciados por Lalis pueden modificar la velocidad con la que avanzan reformas tributarias, sociales o de orden público que están pendientes en el trámite legislativo.
La declaración también deja abierta la pregunta sobre cuál es el margen real del Gobierno para incidir en la conformación de las mesas directivas. Tradicionalmente, ese es un reitorio del propio Congreso, aunque en distintos periodos se han conocido episodios en los que el Ejecutivo, a través de ministros o de aliados en las bancadas, busca coordinar apoyos para asegurar mayorías.
En su intervención, Lalis insistió en que la “jugadita” atribuida a De la Espriella fue desarticulada con el respaldo a Henríquez. No obstante, la congresista no entregó pruebas documentales de la supuesta maniobra, y la versión depende, por ahora, de su testimonio ante los medios. La bancada de Gobierno no había respondido públicamente a la acusación al momento de la publicación de la nota original.
De cara a las próximas semanas, el Senado deberá definir agendas clave como la reforma a la salud, el trámite del presupuesto y el seguimiento a la situación de orden público en varias regiones. La manera como se conforme la mesa directiva, y el grado de cooperación entre bancada oficialista y oposición, será determinante para el ritmo de esas discusiones.
Por ahora, el hecho político relevante es la ruptura pública del Pacto Histórico con cualquier lectura de “petrouribismo” y la advertencia al Gobierno de que movimientos en la dirección del Congreso serán respondidos en el Capitolio. Esa señal marca el tono del arranque de la nueva legislatura y deja a la mesa directiva de Senado bajo observación de las bancadas, los medios y la ciudadanía.
