La ceremonia de posesión del presidente electo Abelardo De La Espriella, realizada en Cali, no contó entre sus asistentes con los expresidentes Ernesto Samper y Juan Manuel Santos, dos figuras centrales de la política colombiana de las últimas décadas. La decisión de no extenderles una invitación fue aprovechada por ambos para fijar posiciones públicas tras el evento.
Ernesto Samper, quien gobernó Colombia entre 1994 y 1998, optó por responder con ironía al hecho de no haber sido invitado al acto protocolario en Cali. Su reacción se produjo en un tono que mezcló el sarcasmo con la referencia a su propia gestión, aunque el extracto disponible no precisa las palabras exactas que utilizó.
Por el contrario, Esteban Santos, hijo del expresidente Juan Manuel Santos y una voz activa en redes sociales, asumió una postura de crítica directa. Sus publicaciones en plataformas digitales cuestionaron la decisión del nuevo gobierno de excluir a su padre de un momento que, por tradición, suele convocar a los antiguos mandatarios del país.
La controversia revive una práctica protocolar habitual en Colombia: invitar a los expresidentes a las ceremonias de transmisión de mando presidencial. En posesiones anteriores, la presencia de exmandatarios en el Capitolio Nacional o en la sede alterna del evento ha sido considerada un gesto de continuidad institucional y de respeto por la tradición republicana.
La exclusión de figuras como Samper y Santos ocurre en un contexto político marcado por la llegada de Abelardo De La Espriella a la Presidencia, un liderazgo que ha generado expectativas sobre el rumbo del diálogo con los sectores que representaron gobiernos anteriores. Analistas consultados en otras ocasiones han señalado que la asistencia de los expresidentes suele leerse como una señal de aceptación o de ruptura con el nuevo periodo.
Para la ciudadanía, el episodio tiene una lectura principalmente simbólica. Aunque no afecta decisiones de política pública en el corto plazo, sí expone las tensiones entre el nuevo gobierno y sectores de la clase política que han ocupado la Casa de Nariño en ciclos recientes. Estas tensiones pueden influir en la capacidad del Ejecutivo para construir mayorías en el Congreso y para tender puentes con actores que fueron parte de procesos de paz, acuerdos comerciales y reformas estructurales.
La ironía de Samper y la crítica de Esteban Santos representan dos estilos distintos de reaccionar ante un mismo hecho protocolar. Mientras el primero apeló al humor político, el segundo optó por la confrontación directa en redes, un canal cada vez más determinante en la formación de opinión pública sobre los gestos del poder.
Queda por conocer si el nuevo gobierno se pronunciará oficialmente sobre los criterios de invitación a la posesión y si, en los próximos días, habrá algún tipo de acercamiento o aclaración con los expresidentes no convocados. También se observará si las reacciones de esta semana marcan la tónica de la relación entre el Ejecutivo entrante y los exmandatarios durante el resto del periodo presidencial.
La fuente consultada no detalla otros nombres de expresidentes o exautoridades que tampoco habrían recibido invitación, ni precisa el tamaño de la lista de asistentes. La información disponible se limita a las reacciones puntuales de Samper y de Esteban Santos, por lo que el cuadro completo de ausencias y presencias en la ceremonia en Cali aún está por reconstruirse.
