El Tiempo publicó este domingo un balance de las grandes obras de infraestructura en Antioquia que quedaron a la espera de decisiones del Gobierno nacional durante el periodo de Gustavo Petro. El reportaje advierte que esos proyectos llegan al nuevo Gobierno, encabezado por Abelardo De la Espriella, en estado crítico y con poco margen de maniobra.
El departamento de Antioquia ha sido históricamente uno de los epicentros de la infraestructura vial del país. La región concentra tramos clave de las Autopistas de la Prosperidad, conexiones hacia el Urabá antioqueño y proyectos de movilidad metropolitana en el Valle de Aburrá, muchos de los cuales han avanzado por asociaciones público-privadas y aportes departamentales.
El artículo de El Tiempo identifica tres megaproyectos específicos cuya continuidad depende de decisiones del nivel central. Aunque el extracto entregado no detalla los nombres de las tres obras, el titular las califica como obras clave para la conectividad regional y para la competitividad del departamento.
Durante el gobierno Petro se registraron tensiones con varios de estos proyectos. Las diferencias han incluido discusiones sobre modelos de contratación, disponibilidad de recursos del presupuesto nacional y la prioridad asignada a ciertas regiones dentro del plan de inversiones públicas.
El nuevo gobierno que encabezará De la Espriella, según describe El Tiempo, deberá 'destrabar' esas iniciativas. En términos prácticos eso implica mesas técnicas con concesionarios, revisiones de contratos vigentes y eventuales adiciones presupuestales que requieren aval del Ministerio de Hacienda y del Congreso de la República.
Para los habitantes de Antioquia, la parálisis o el retraso de estas obras tiene consecuencias directas. Los tramos inconclusos elevan los costos de transporte de carga, alargan los tiempos de desplazamiento y mantienen riesgos de accidentalidad en vías que fueron diseñadas para soportar flujos mucho mayores a los actuales.
El sector productivo también está pendiente. Exportadores de flores, banano y manufacturas con destino al puerto de Urabá, así como turistas que llegan al centro del país, dependen de corredores que hoy funcionan a media capacidad. La finalización de las obras se percibe como un factor decisivo para la economía regional.
Desde el lado político, la situación obliga a una coordinación estrecha entre la Gobernación de Antioquia, la alcaldía de Medellín y el nuevo equipo ministerial. Los mandatarios locales ya han expresado en distintas oportunidades la necesidad de que el Gobierno nacional defina pronto su hoja de ruta en materia de infraestructura.
El reto para De la Espriella será doble. Por un lado, retomar proyectos heredados con cronogramas vencidos y sobrecostos acumulados. Por el otro, fijar un nuevo norte para la inversión en vías que dialogue con los Planes de Desarrollo Territoriales ya en ejecución.
Queda pendiente conocer el detalle de las tres obras y las cifras exactas de avance. El Tiempo promete entregar más información en las próximas entregas de su serie sobre infraestructura regional, mientras el equipo de transición del presidente electo afina las prioridades del cuatrienio 2026-2030.
