La noticia de la captura de Naín Pérez Toncel, alias Bendito Menor, marca el inicio de la gestión del presidente Abelardo de la Espriella en materia de seguridad. Según Infobae, el propio jefe de Estado había convertido la persecución de este cabecilla en una de sus primeras directrices de gobierno, antes incluso de su posesión oficial. La frase “horas contadas”, pronunciada por De la Espriella, terminó cumpliéndose.
Pérez Toncel se había convertido en un símbolo de desafío al poder central en la región Caribe. De acuerdo con el extracto de Infobae, él mismo se ufanaba del poder que ejercía en esa zona y lo exhibía a través de publicaciones en redes sociales. Esas mismas publicaciones, que documentaban armas, lujos y presencia territorial, terminaron por exponerlo ante las autoridades y alimentaron el expediente en su contra.
Las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) son una estructura armada que opera en el norte de Colombia y que durante los últimos años ha extendido su influencia en zonas rurales y urbanas de la región Caribe. Su máximo cabecilla era buscado por delitos como concierto para delinquir, extorsión, homicidio y tráfico de drogas, según el seguimiento que distintas autoridades han hecho público en los últimos años.
La presión sobre las ACSN no comenzó con esta administración. En gobiernos anteriores se habían registrado golpes parciales contra esta organización, pero su cabecilla principal había logrado mantenerse en la clandestinidad. El extracto periodístico subraya que el “Tigre”, como se conoce al presidente De la Espriella, fijó como prioridad inicial darle captura, y así lo ejecutó una vez asumió el mando.
Para los habitantes de los municipios bajo influencia de las ACSN, la caída de su máximo líder trae un alivio inicial, aunque también abre incertidumbre. Grupos de la misma estructura suelen reorganizarse tras la captura de sus jefes, lo que obliga a las Fuerzas Armadas y a la Policía a mantener operaciones sostenidas en el territorio para evitar fragmentaciones o retaliaciones.
El caso revive el debate sobre el uso de redes sociales por parte de organizaciones criminales. En los últimos años, distintas estructuras han utilizado plataformas digitales para proyectar poder, amenazar comunidades o reclutar jóvenes. Las publicaciones de Bendito Menor, según Infobae, fueron precisamente las que facilitaron su ubicación y el montaje del operativo que terminó con su captura.
Desde el punto de vista institucional, la captura representa una señal de la nueva administración sobre el tipo de política de seguridad que pretende implementar. El presidente De la Espriella había sido explícito en su discurso de posesión sobre la necesidad de atacar a los máximos responsables de las organizaciones criminales, en lugar de concentrarse únicamente en eslabones menores de las cadenas delictivas.
Quedan pendientes varios frentes derivados de esta operación. Las autoridades deberán esclarecer la estructura de mando que queda en las ACSN tras la salida de su cabecilla histórico, evaluar los bienes que podrían ser objeto de extinción de dominio y avanzar en las investigaciones por desplazamiento, extorsión y homicidio que pesan sobre la organización en la región Caribe.
La ciudadanía observa con atención si la captura de Bendito Menor se traduce en una reducción efectiva de los indicadores de violencia en los territorios donde actuaban las ACSN, o si la estructura logra reconfigurarse en el corto plazo. Por ahora, el hecho confirma que la advertencia presidencial de “horas contadas” se cumplió.
