La iniciativa fue puesta sobre la mesa del presidente Abelardo de la Espriella con un objetivo concreto: mitigar el riesgo de un racionamiento de energía en el país ante la posible llegada del fenómeno de El Niño, que suele reducir los caudales de los ríos y la generación hidroeléctrica.
La medida, bautizada como 'hora Gaviria', consiste en adelantar el reloj una hora durante un periodo determinado, con el fin de aprovechar mejor la luz solar en las horas de mayor actividad y desplazar parte del consumo hacia franjas donde la oferta de energía resulta menos presionada.
Esta figura no es nueva en Colombia. Se aplicó por primera vez durante el gobierno de César Gaviria, en 1992, cuando el país atravesó una emergencia energética similar que obligó a racionamientos programados y al establecimiento de horarios restrictivos de consumo.
La propuesta parte de la lectura de que el sistema eléctrico colombiano depende en buena medida de la generación hidráulica, y de que durante los periodos secos esa dependencia se convierte en vulnerabilidad. Adelantar el reloj, según los proponentes, ayudaría a reducir picos de demanda en la noche.
Para los ciudadanos, una medida de este tipo tendría efectos prácticos inmediatos: cambios en las rutinas escolares y laborales, ajustes en los horarios de transporte y comercio, y una modificación del patrón de consumo residencial y empresarial a lo largo del día.
En el sector eléctrico, el debate técnico gira en torno a si el ahorro potencial justifica las alteraciones en la vida cotidiana, y en qué magnitud esa hora de diferencia podría efectivamente aliviar la presión sobre el sistema interconectado nacional.
La decisión sobre si se adopta o no la 'hora Gaviria' corresponde al Gobierno nacional, y desde distintos sectores se ha planteado que cualquier determinación debe ir acompañada de campañas pedagógicas sobre uso eficiente de la energía.
Por ahora, la propuesta se encuentra en etapa de análisis. El Ejecutivo no ha emitido una respuesta oficial sobre su eventual adopción, mientras se monitorean los indicadores climáticos y los niveles de los embalses en distintas regiones del país.
El antecedente más cercano de una medida horaria con fines energéticos en Colombia es, justamente, la 'hora Gaviria' de 1992. La experiencia dejó lecciones aprendidas sobre la necesidad de coordinar con empresas de servicios, sector educativo y ciudadanía para que la transición sea ordenada.
Queda pendiente conocer la postura formal del Gobierno, los plazos que se manejen y si la medida se aplicaría de manera uniforme en todo el territorio nacional o diferenciada por regiones, dependiendo de la intensidad del fenómeno climático.
