Los alcaldes de las cinco ciudades más grandes de Colombia, Barranquilla, Medellín, Bogotá, Cali y Bucaramanga, coincidieron con las propuestas de seguridad del gobierno encabezado por el presidente electo Abelardo de la Espriella, según reportó El País. El alineamiento entre los mandatarios locales y el próximo Ejecutivo marca el tono del periodo de transición que vive el país.
La coincidencia no es menor. Las cinco urbes concentran cerca de un tercio de la población colombiana y representan los principales centros urbanos del país. Por eso, el respaldo de sus alcaldes a la agenda de seguridad del gobierno entrante tiene efectos directos sobre la coordinación operativa entre la Policía Nacional, las fuerzas militares y las autoridades locales en los territorios con mayor densidad de habitantes y mayor complejidad en materia de criminalidad.
En la última década, los mandatarios de las grandes ciudades han asumido roles crecientes en seguridad. Alcaldes como los de Medellín y Cali han comandado operativos conjuntos, creado secretarías de seguridad robustas e invertido recursos propios en tecnología y personal. Bogotá, por su parte, ha mantenido un pie de fuerza municipal articulado con la Policía. La decisión de respaldar las propuestas del gobierno nacional sugiere que esa línea de cooperación se mantendría o se profundizaría a partir del 7 de agosto.
El tema central del alineamiento, según El País, es la seguridad. Se trata de uno de los capítulos más sensibles de la agenda pública. Las encuestas de los últimos años muestran consistentemente que la inseguridad y el orden público encabezan las preocupaciones de los ciudadanos, por encima de la economía y el empleo. Una propuesta que logre consenso entre los alcaldes de las principales ciudades llega con un capital político importante al inicio del mandato.
Para los ciudadanos, el impacto potencial es concreto. La articulación entre el gobierno nacional y los mandatarios locales se traduce en operativos, presencia policial, cámaras de vigilancia, inversión en iluminación y programas de prevención en los barrios. Cuando hay sintonía entre el Ejecutivo y las alcaldías, esas acciones tienden a ejecutarse con menos tropiezos administrativos y más continuidad en el tiempo.
Desde el punto de vista institucional, el respaldo de los alcaldes también reduce la fricción típica del primer año de gobierno, cuando se negocian los presupuestos, los planes de desarrollo territoriales y los convenios de cooperación. Un acuerdo temprano sobre las prioridades facilita la firma de los planes integrales de seguridad y convivencia y la asignación de recursos del Fondo de Seguridad y Convivencia.
Quedan varios elementos por definir. El País no detalla en su nota cuáles son los puntos específicos de la agenda que cada alcalde respalda ni si existen matices o condicionamientos en el apoyo. Tampoco se conoce la postura de mandatarios de ciudades intermedias ni de los gobernadores departamentales, actores clave en la gobernanza territorial. Esos vacíos marcan la agenda inmediata del periodo de transición.
El siguiente paso natural será la convocatoria a una mesa de seguridad nacional con alcaldes y gobernadores, donde se traduzcan los acuerdos en metas, indicadores y cronogramas. Mientras tanto, el alineamiento anunciado por El País sienta una base de cooperación que el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella podrá capitalizar o arriesgar, dependiendo de cómo se concreten las propuestas en los próximos meses.
